domingo, febrero 19, 2012

Efecto pigmalión

Hay cosas que te las cuentan los psicólogos y te parecen sensatas, pero que luego además vas y las compruebas en la vida real. Hoy intentaba acordarme del efecto de tus expectativas sobre el comportamiento de los que te rodean. No me salía el nombre y lo he buscado: es el efecto Pigmalión. Lo escuché por primera vez  en el pleistoceno, cuando estudiaba, y lo cierto es que luego me he acordado un montón de veces de ello (que no del nombre del efecto), viendo que realmente PASA.
Por si os fuera útil, educativo o instructivo, os copio tal cual de la wiki  lo que pone del efecto Pigmalión, referido al trabajo:


Laboral:


Si un empleado recibe la continua aceptación de su jefe, es muy posible que aquél exhiba un alto desempeño en sus funciones y por tanto su rendimiento sea más alto, a la vez que efectivo. Si por el contrario, sus capacidades son siempre cuestionadas por parte del superior, la actitud indiferente y desmotivación por parte del subordinado irán aumentando, lo que incuestionablemente conllevará una disminución de la cantidad y calidad de su trabajo. En el mundo de la empresa, el Efecto Pigmalión viene a significar que todo jefe tiene una imagen formada de sus colaboradores y les trata según ella; pero lo más importante es que esa imagen es percibida por el colaborador aunque el jefe no se la comunique. De tal manera que cuando es positiva, todo va bien, pero cuando es negativa, ocurre todo lo contrario.


Un jefe entra en la oficina donde están sus trabajadores y observa a uno de sus subordinados, al que aprecia mucho. El jefe no se da cuenta pero entra con una sonrisa de lado a lado y además habla con un tono amigable y le ofrece tareas que fomentan el crecimiento intelectual. Hasta este momento el subordinado no tenía ningún pensamiento (ni bueno ni malo) hacia su jefe, pero ante estos estímulos es más sencillo que él comience a sentir amistad por su jefe. Sin darse cuenta el jefe, el resultado de la relación entre él y su colaborador ha llegado a la situación que tenía en mente el jefe pero que ha sido favorecida por acciones propias que no ha observado pero que ha realizado realmente.


Por otro lado también existen efectos de Pigmalión con el mismo resultado (se consigue el fin que se tiene en mente) pero de tónica negativa. El jefe no aprecia a un subordinado aunque no sepa cuál es la razón para ello. El subordinado no tiene ningún tipo de opinión sobre su jefe. Cuando llega el jefe lo hace con cara agria, tono imperativo y le asigna tareas que están muy por debajo de la capacidad de su colaborador. El subordinado tiene más probabilidades de acabar realizando sólo ese trabajo pues recibe estímulos que le dirigen hacia esa situación. Al final el jefe dice "Sabía que no podía dar más" sin darse cuenta de que muchos signos que recibe el colaborador son creados por el jefe de forma velada incluso para él mismo.

Supongo que como todas las teorías psicológicas es parcial y algo simplista, pero la verdad es que a una servidora, que es de natural empático y bastante mala en aquello del disimulo facial de lo que piensa, me funciona con precisión cronométrica.
Para lo bueno, y para lo malo.
Lo que viene a reforzar que es rentable pensar bien de los demás, y que la soberbia es poco eficiente, por más fundada que pudiese estar, o parecernos. Lo del buen rollo funciona. (Salvo con suelas de zapato antiempáticas o con autoestima injustificadamente elevada - con esas, zapatilla!)




lunes, enero 23, 2012

The right thing

Es el ritmo, y no la letra. Esas alegrias que a veces nos da radio 80 a las 7 de la mañana...


viernes, septiembre 16, 2011

Boiiiing...



Lo he visto en el reader, recomendado por Judith, que a su vez lo vió aquí. Mola.

domingo, agosto 07, 2011

Nemiña














Me despierta intempestivamente una cafeína mal calculada. Una lata de cola que he bebido esta tarde, sentada en una silla frente a una playa desierta, o prácticamente desierta.

Era una playa grande, con forma de media luna, de arena clara con algunas rocas salpicando aquí y allá, de al menos un par de kilómetros de punta a punta, con cinco o seis casas en una esquina (una de ellas el bar donde me senté), un aparcamiento a mitad, y un pequeño núcleo de casas en la punta más distante, arropando un pequeño río que muere en la cala.

Y en medio el mar, abierto: Atlántico de la Costa da Morte, un poco frenado por los centenares de metros de arena sin apenas desnivel, por la marea baja, porque el día estaba tranquilo, por la distancia entre el mar abierto y la orilla, por las algas que teñían de verde la cresta de las olas antes de romper.

Unos surfistas nadaban contra las olas, como moscas contra un cristal, allí, donde las olas se crecían, para deslizarse haciendo equilibrios unos pocos metros. En la playa unos niños levantaban castillos y un par de parejas recorrían con parsimonia los límites del agua y la tierra.

Ante mis pies, en un tiesto, una flor exuberante y excesiva, de vivos colores, me servía de contraste en primer plano para sacar fotos con mi iphone – no sé para qué tengo una cámara, si no la llevo cuando la quiero. Todo esto era ayer tarde, en un rincón mágico (playa Nemiña) al que me llevó el coche dejándole elegir libremente el camino.

Lo de menos parecía tomarse una cola. Imprudencia irrelevante. Sigo despierta.


El runrún de la nevera sirve de fondo, el resto es silencio. O no. Olas pequeñas de ría tranquila que rumorean sordas sobre las rocas al otro lado de la ventana – marea baja.

Por primera vez desde que llegamos (el día 1) se ven las luces de Portosin y Porto do Son al otro lado del agua, y un cielo despejado en el que intuyo estrellas. Me acuerdo del martirio de San Lorenzo – queda poco, apenas cinco días, así que al cabo de un rato venzo la pereza de la madrugada para buscar mis gafas, no se me vayan a escapar las estrellas fugaces, Perseidas caídas. No pillo ninguna.

La ventana no consigue parar el frío de la noche; son días de primavera tardía, o de otoño incipiente, nadie diría que estamos prácticamente estrenando el mes de agosto. Me arrebujo con la ropa de cama y me ovillo para conservar el calor. Repaso mentalmente deberes y quehaceres, listas de haber y debe, de pensar cuando se pueda o dejar indefinidamente en barbecho.

Miro las ovejas, que erráticas no encuentran su valla, despistadas vagan por el prado sin acertar a ponerse en fila para ser contadas al saltar. El perro pastor echa una cabezadita.

Las dejaremos, que pazcan tranquilas.

Son monas.

Dan sueñito.

PD: Escrit per a publicar a Ara Mateix, la Zel, que va obrir el seu blog tot el mes d'agost als seus lectors i va despertar la Xurri. Gràcies Zel, per deixar-me escriure (feia mooooolt de temps).
Xurri.

martes, abril 19, 2011

que es que...

Son odiosos los posts esos típicos en que la gente dice..." que es que voy fatal de tiempo, que es que hace mucho que no posteo, que es que estoy pensando en cerrar..."

Y entonces sus sufridos lectores resoplan un poquillo y sueltan aquello de "que no te preocupes, que todos tenemos crisis, que no poddiós que no cierres, que todos te queremos, que nos gusta lo que escribes, que eres fantástic@, que vuelve, que no te vayas, que te esperamos, que etc etc etc..." Que es que a mi esos regateos vecinales me dan como entre pudor y pereza, así que os los voy a ahorrar.

Que es que lo que me pasa es que cada vez leo más y escribo menos, que es que me he acomodado a mis cinco líneas de lejos y la imagen del universo impar y paralelo, y que es que mi propia verborrea no me apetece, que es que simplemente no me sale, que es que va como va y que esta papelera ni la cierro ni la dejo de cerrar.

Que es que otros escriben más y mejor que una, y que me he viciado a seguirlos.

No se si conocéis el google reader, si lo utilizáis. Yo me he enganchado totalmente. Casi tanto como al principio me engaché a los blogs y los comentarios. Porque tiene esa cualidad estructural de nudos y conexiones, de hilos que llevan a otros hilos, de entresijo de cables llenos de curiosidades. Y me enreda, y cotilleo horas enteras de un lado a otro.

Me fascina, porque no se como lo hacen, supongo que guardando datos de lo que lees, pero el caso es que se aprenden tus gustos y "alguien" te sugiere nuevas cosas que te pueden gustar. Y así te pierdes una y otra vez, en letras, en imágenes, en vídeos, en músicas, en recetas y patrones, en decoraciones y ropas, en poesias y en historias, en documentos antiguos y en clases de fotografia, en libros por leer y libros leidos, en chismes y en ciencias, en gentes dispersas que hay por la red.

Pos eso, que es que hace semanas que estoy perdida por ahí...

sábado, diciembre 25, 2010

Noelicidio

Se han cargao a Papá Noel a golpes de tió. Aquí.
Ya no se respeta nada.

viernes, noviembre 19, 2010

Ramón Gaya

Hace algo más de cuatro años visité una exposición en la pedrera de Ramón Gaya, al que no conocía. Era el día de mi cuarenta cumpleaños, e iba con mi madre, que me regaló el libro de la exposición. Un libro precioso, que consulto a veces, y que me encanta porque intuyo en las imágenes de los cuadros, a lo largo de los años, el proceso de síntesis y simplificación personal de una persona que - intuyo - me habría encantado.

Ramón Gaya habría cumplido 100 años hace unos días. Él pintaba, pero también escribía. En el libro se incluye alguno de sus escritos y alguno de sus poemas, que me gustaron cuando los leí y que el otro día me volvieron a gustar. Me dió por buscar alguno más en internet: Andrés Trapiello hizo una selección que se puede consultar en la biblioteca virtual Miguel de Cervantes, y el otro día la estuve leyendo un rato.
Me quedé prendada de este preciosísimo soneto. Os lo dejo, acompañado de unos pocos cuadros de los muchos que podría poneros - podéis ver más aquí y aquí.

Al sufrimiento

De tanto serme estrecha compañía
he llegado a sentirte ya tan mío
que peor que tú mismo es el vacío
que me queda sin ti. Yo te querría

apretado a mi pecho todo el día
por no quedarme a solas con el frío
de ese lago parado y tan sombrío
que es vivir en la nada. Sufriría

más aún, ya lo sé, pero un consuelo
en el propio sufrir quizá nos nace
como una leve flor allá en la arena.

Me lo has quitado todo, tierra, cielo;
déjame sin embargo que te abrace,
que todo cuanto he sido está en mi pena.

sábado, noviembre 13, 2010

ecuación en verde y rosa (II)

Vaig fent... os paso unas imágenes intermedias. La luz es cambiante, pero sí, durante unos días el fondo fue de color crema. Calculo que le quedan un par de sesiones aún, ya actualizaré, si continúo.

video

sábado, noviembre 06, 2010

Santifiqueixon party

Han tomado el barrio para una rave...

sábado, octubre 30, 2010

Ecuación en verde y rosa

Recuerdo vagamente los problemas de derivadas e integrales, los vectores, las matrices. Cosas abstractas que me encantaban, me daban una sensación de orden y encaje mental, adivinanzas que me entretenían durante largos ratos tratando de encontrar el camino correcto hacia una solución única y unívoca de números redondos, no siempre racionales. Me gustaban las mates, tanto como no me gustaba la física (aunque sí el físico del profe), con sus resultados inciertos y llenos de decimales absurdos, feos, carentes de elegancia.

Me parecía hermoso desear que la naturaleza estuviera organizada de modo tal que pudiese ser explicada con fórmulas elegantes y simples, intrigantes en su planteamiento, originales en su resolución, obvias una vez concluidas. Vaya, lo que había encandilado a muchos filósofos a lo largo de la historia: la verdad y su precisa elegancia, el rollo del número áureo, conceptos puros de simplicidad extrema aunque no evidente, vínculos entre los conceptos de exactitud, determinación y belleza. Imagen y color, ya puestos.

No siempre estoy convencida de si la vida sigue unas normas más o menos constantes, a veces me parece que sí, a veces me parece que no, a veces simplemente me da igual. En mi rutina diaria predictible y gris se intercalan periodos atípicos e inesperados, que de entrada no acierto a explicarme, pero que con el tiempo se desvelan como hechos simples explicables con fórmulas sencillas, más viejas que el ir a pie. Imágenes de colores, ya puestos.

Esta mañana me he despertado pronto, como de costumbre cuando no toca, precisamente porque no toca. En un rato de no hacer nada he dejado vagar imágenes de colores, sensaciones de días atrás, con la ilusión (tal vez vana) de intentar pintar, de plantear una ecuación que refleje, de lo que pasa estos días, sólo las cosas lindas. Que las feas pesan y duelen, están ahí, ahí deben estar, pero ya no quiero que crezcan más, quiero que se las lleve el viento, el tiempo, la memoria.

No sé si seré capaz, hace mucho tiempo que no consigo hacer nada con mis manos, pero intentaré esta ecuación equilibrada y sencilla, verde y rosa sobre un blanco onírico y atemporal. Ya os contaré qué sale, si es que soy capaz de intentarlo.