lunes, julio 04, 2005

Evolución

Verano del 98, estábamos en Paros, paseando por una callecita estrecha, blanca y azul, de piedra gris en el suelo y flores rojas en los balcones. Mi niña llevaba un sombrerito de paja para protegerse del sol, que caía a plomo, pero todo el rato se lo quitaba y le quedaba colgando como una capucha. Hacía calor, pero también brisa. Ella correteaba como un cachorrillo a nuestro alrededor, y de vez en cuando venía en busca de un abrazo o a echarnos agua con su pistola de plástico verde.


Verano del 2005, estábamos en el aparcamiento de pie ante el autocar, como cada año, esperando la salida hacia los campamentos de verano. Mi niña llevaba unos piratas tejanos y una camiseta normal que le había costado unas 2 horas elegir, pero su elección final no le gustaba. Hacía calor, y de vez en cuando un viento intenso levantaba la tierra del aparcamiento. Ella se marchó nada más llegar con sus amigas y luego subió al autocar casi sin decir adiós, haciendo un tímido gesto con la mano como quien siente vergüenza de la debilidad de tener padres.

1 comentario:

Xurri dijo...

hiedra | 04 julio 2005

Me he encontrado agarrando un autobús.
He intentado parar un coche rojo con dos dedos.
Pero cuando la veo dormir, intento parar el tiempo.

Tres | 04 julio 2005

Saludos.
Me llevo tu enlace,
me gusta tu sitio.
Y besos.

xurri | 05 julio 2005

Cuando duermen son ángeles aún, creo que conectan con el limbo en que flota la pureza.(:l).
Lo reconozco, es un poco cursi. También lo puedes ver como una reacción adaptativa: cuanta más ternura inspiran, más probabilidades de supervivencia. Da igual, el resultado es que te desarman.

Saludos también, tres, también me gusta tu sitio, y tus manzanas.:ro: