domingo, noviembre 13, 2005

El teléfono

De todos los medios de comunicación el que más me desagrada, con diferencia, es el teléfono.
No me gusta hablar por teléfono. Siempre que puedo lo evito.

Hasta ahora, al descolgar no sabías ni con qué, ni con quién te ibas a encontrar al otro lado, ni en qué idioma: pánico social-idiomático. Ahora -a veces- tienes el chivato de telefónica que te indica si es alguien conocido, o al menos el número, que reconoces -más o menos- en términos provinciales.

Como en casa somos todos más o menos del mismo palo, cuando suena el teléfono hay desbandada: la primera acción urgente es ver quien llama, y entonces (salvo que el llamante sea tan específico que no haya escapatoria y el acusado deba ponerse inmediatamente al aparato), el inalámbrico empieza a saltar de mano en mano cual patata caliente: cógelo tú, no tú, no tú y si es para mi ya me lo pasas, etc. Cuerpo a tierra y camuflaje. A escurrir el bulto tanto como se pueda.
Yo ya lo cogí la semana pasada....dos veces!.
Joé, cógelo, kés tu madre!
Touché.

Cuando hablas con terceros con este dichoso aparato las distancias interpersonales se van al garete: siempre parece que la conversación tiene que ser personal, esa voz susurrándote al oído, simplemente hablándote a una distancia raramente tolerable físicamente, o directamente chillándote. Todo se produce demasiado cerca del cerebro. Por esa impúdica proximidad de las ondas sonoras es imposible ir al grano sea lo que sea de que hablas. Luego están esas cortesías teléfonicas... arg.

Por otra parte, qué forma más tonta de estar siempre a tiro de desaprensivos dispuestos a hacer con tu tiempo lo que les venga en gana, dispongas de él abundantemente o no. Y claro, una vez descuelgas ya te han pillao!. Y como no te ven la cara y hablan mayoritariamente ellos, son capaces de tenerte con la oreja colorada durante 45 minutos o más a cambio de un par de ummm o ahaaa. A raiz de lo que sea, publicidad, consultas profesionales gratuitas o para que hagas de Elena Francis by the face.

Otro motivo de rechazo: en el trabajo si hay un teléfono compartido... ecs, a saber las miasmas que llegamos a compartir entre las manos, las babillas escupidas al hablar y el contacto con según que orejas....

Punto y aparte es la tortura de las teleconferencias de trabajo. Afirmo con pulso firme que debería estar prohibido tener más de 3 horas semanales de este horrible ataque a los nervios del personal.

Imaginad la escena: una sala con cuatro o cinco individuos reunidos normalmente y un micrófono-altavoz en el centro de la mesa, a través del cual esporádicamente llegan las voces de tres o cuatro pringaos que están sentaditos en plan gilipuá a más de 1000 km que no hablan bien el idioma de la reunión y QUE NO OYEN BIEN (ecos, volumen cambiante, interferencias, papeles junto al micrófono). Los de la sala hablando normalmente y entre sí, con animación: esto es con la mano en la boca, riendo sonoramente, acelerando o eliminando el final de las frases (merced a la comunicación no verbal) interrumpiéndose entre sí, golpeando la mesa con el boli, echándose pá trás en la silla = alejándose del micro y haciendo bromas en slang ...
Los aparatos de teleconferencia solo dan paso a una voz cada vez, así que si los c. del otro lado no callan, los gilipuás periféricos no pueden hablar. Por azares del silencio de vez en cuando se hace posible intervenir y el altavoz susurra algo en la macarrónica interpretación del idioma imperial que uno puede imaginarse - en este caso de una Xurri que acaba de salir de una reunión en Spanish de dos horas y quiere contribuir a la charla, por hacerse ver un poco-. Nadie entiende nada, así que no contestan ni una palabra. La pequeña Xurri imagina las 5 caras de sorpresa e incomprensión condescendiente acercándose al micro (objetivo gran angular) como si buscasen en su interior un pitufo o similar que ha emitido el sonido de dudosa competencia profesional. Para entonces la pobre Xurri ya se ha ahorcado con el cable de teléfono en un ataque de ridículo agudo. Brrrrrrr. Luego hablan de comportamientos inclusivos...

Solo recientemente me he reconciliado con el p. teléfono gracias a los mensajes de texto, telegramas accesibles de nuestro tiempo, morse adaptado a las masas, sustituto de emergencia del e-mail, verdadero preferido de aquí su servidora. Y ya el colmo son las fotos y los mensajes multimedia: Xurri, cual de los tres colores pondrías en la pared del comedor??? (muestra por multimedia) (sms de vuelta) l tja tstado d drcha...
Pequeños motivos para llevar un teléfono encima.

17 comentarios:

bellosoli dijo...

No me siento agusto hablando con alguien sin verle la cara, así que a mi tampoco me acaba de gustar el teléfono. Cuando utilizo un teléfono público lo suelo limpiar con un cleenex i lo mantengo a distancia, jamás entro en contacto físico con él: me da una manía espantosa!

b-on//janbaar dijo...

ufff cuanto da un teléfono- yo le estoy agradecido gracias a él puedo mantener el contacto con gente q se ha cruzado en mi vida y q ahora esta a miles de kms de mi por a o por b y cada tanto me gusta oir su voz, preferiría verlos, tocarlos, sentirlos, pero con su voz ya me doy por satisfceho - pero sin abusar todo en su justa medida com la cervezita del domingo en una terrazita disfrutando de la ciudad.

tatxe dijo...

Vamos, que veo que el trabajo de tu vida es el de teleoperadora en un Call Center :)

Hanna B dijo...

touché xurri, me ha llegao tu post !!
es que es muy difícil encontrarte in the mood for the phone, a veces pasa (con mi hermana casi siempre).
más de cinco minutos al teléfono ya me parecen una tortura, al mobil aún aguanto menos, y cuando me tocó compartir teléfono en el trabajo iba por las mañanas con algodón y alcohol para DESINFECTAR. una warri dejaba el teléfono empastao de pote rosado (maquillaje por si alguien duda del palabrejo) eks!
benditos sms!

Hans dijo...

Jurljurljurl
A buen entendedor... Xurri, touché. U know what I mean.
Dicho lo anterior: una vez un compañero me invitó a usar cuando quisiese de su instalación de teleconferencia que tenía en su sala de reuniones. La mirada que le lancé fue suficiente para que no haya vuelto a sugerir trabajar de ese modo abyecto y atorrante.
Anyway, yo no soy tan escrupuloso... o a la mejor es que no comparto tantos teléfonos en realidad. Nunca me lo había planteado.
Kss

SebastianDell dijo...

Me has recordado lo que pasa aquí en el trabajo cuando no hay nadie en recepción. El teléfono empieza a sonar, y al principio, todo el mundo asume que lo va a coger ella.... hasta que alguien cae en la cuenta de que no está, por conocimiento anterior o porque simplemente el teléfono sigue sonando. Y llega un momento, tras unos segundos, en el que empiezas a pensar 'que lo coja alguien por favor', y estás más pendiente del teléfono que de lo que hacías. Suena y suena, mientras la idea de que el llamante cuelgue empieza a hacerse más y más real, aunque en estos momentos, la gente aún hace como que trabaja e intenta evitar que sea evidente que están oyendo el teléfono.

Hasta que uno de ellos -o a veces yo, aunque intento que sean las menos de las veces- aguanta menos que los demás -es simplemente cuestión de responsabilidad- y acaba cogiéndolo. Y entonces los demás respiramos aliviados y seguimos con lo nuestro :)

Alfredito dijo...

También odio el teléfono. Siempre me preguntan si estoy enfadado o qué. Y no es eso, es que no me gusta nada. Lo concibo para recaditos cortos (¡benditos mensajes!), para hablar quiero ver al otro. Es que si no no me sale. Una limitación. Otra.
Besitos.

MH dijo...

Suscribo el 95% y subo la apuesta: lo peor está por llegar cuando se generalice la videoconfrerencia por móvil.
Yo me he tirado los años sin móvil, pero ya claudiqué.
Ah, y estaba convencido que la aversión al teléfono era una clara marca de género (los tíos lo odiamos, las tías lo adoráis). Pero hay gente para todo. :)

Hans dijo...

No creo que el móvil sea asunto básicamente femenino, antes bien al contrario: la frikiez-cacharritera es más bien masculina...
En fin, en mi casa yo tengo apero de ése desde hace mil años. Mi Amada se hizo con él hace apenas cuatro días haciendo una renuncia tremenda

Luc dijo...

Lo bueno de las teleconferencias es que al otro lado no se dan cuenta de que estás durmiendo. En una videoconferencia es más complicado esconderlo.

Cuando estoy en casa me gusta hablar por teléfono con los amigos, sobre todo si hace mucho que no los veo.

Por otro lado, si estoy con alguien tomando una birra, y la otra persona se pone a mandar mensajitos y tal, es para estrangularla. Venga Luc, sé más tolerante.

Xurri dijo...

Muestreo rápido: Tres varones en contra, tres a favor, dos abstenciones. Tres mujeres en contra (una en diferido).
Conclusión: el gusto por el téléfono es independente del género, salvo sesgos blogueros, engaños de género y/o no representabilidad de la muestra.

El teléfono sonando en el trabajo es un martirio: no lo quieres cojer para acabárselo dando al de siempre, que nunca se levanta a contestar(joé, que se lo coja él mismo!!). Pero al tiempo te ataca el instinto de emergencia ese del "y si...", que despierta todo timbre de sonido repetitivo y machacante. Yóske no puedo oir sonar un teléfono sin descolgarlo: me puede. Y lo odio. Contradicciones...

Creo que las videoconferencias son un poco mejor que las teleconferencias, aunque no te puedas dormir. Al menos si tienes algo que decir puedes agitar ostentosamente los brazos frente a la cámara para que te dejen hablar, y el resto se abstiene de hurgarse la nariz mientras hablas, algo que no puedes jurar que no pase en las teleconferencias... otra dificultad para concentrarse: imaginarse a los demás pringaillos haciéndose burillas, buscándose cera y/o rascándose las partes mientras hablas. Ummm....

Un invento odioso, el teléfono.

Salvo cuando al otro lado oigo la vocecilla de mi ninia, tan alegre siempre.

Hans dijo...

Jajajajajaj
Al final, la durísima Xurri ha caido! Admite que le gusta el fono para algo!
También tengo la ventaja de que yo no cojo el teléfono para otros (me pone cardiaco el ring-ring no atendido, desde luego). Aunque me hace perder MUCHÍSIMO tiempo (en mi trabajo es lo normal)

Xurri dijo...

eeeiiiisss, que los sms y los multimedia sí me gustan....

Alfredito dijo...

He pasado otra vez por aquí y al leer tu comentario he recordado que alguna vez sí que me ha emocionado el teléfono. A mi hijo le dio por irse de okupa un tiempo. Se fue con 7 chicas a una casa okupada (tonto no es)y desapareció. Fue muy duro al principio. Pasando con el coche lo vi un día con un look tal que me puse a llorar. Al cabo de unas semanas me llamó al móvil y me dijo: "Papá, te quiero". Y creí morir. Besitos.

tenblog dijo...

jo alfredo no me extraña....pero .... quizá también tu hijo le dé por llorar cuando vea tu lusk..(bromaaa jejejee)

Albert dijo...

Arribo tard, però que consti que estic a favor del telèfon, si la xerrada no passa de dos minuts. Per a converses més llargues, altres sistemes.

tres dijo...

jajajaja, eres la leche!

Menudo homenaje postil le has hecho al aparatito. Bueeeno, yo no tengo nada en contra del bicho, valga decir que a mi me comunica con un superhéroe que se pasa todo el día de una punta del mapa a la otra.

¿Existe una oda al teléfono?

jeje, Xurri, este post meh a encantado. BESOS Y BESOS