domingo, noviembre 20, 2005

A veces recibo cartas...

En la época de la batalla de Marathon los mensajes salían en la mano de un mensajero que se desplazaba con ellos. La velocidad del mensaje era la de los pies que lo portaban. En plan heróico, Miguel Strogoff se cruzaba la siberia toa, para llevar una carta vital en la imaginación de Julio Verne.

Recuerdo cuando era niña las cartas de los familiares, que llegaban cada quince días, más o menos. Era el ritmo de la relación familiar. Carta, la leíamos, comentábamos, y contestábamos poniéndoles al día de los acontecimientos de las dos últimas semanas. Vivíamos con un decalaje de 10-15 días. Luego cuando de jovencita tuve algún novio de otra ciudad, la espera inquieta de las cartas de amore, espera que parecía eeeeeteeeerna... llegaban con una semana - 10 días de tardanza, mucho tiempo para un corazón enamorado.

Cuando empecé a trabajar enviaba cartas profesionales. A veces llegaba un telex, que era de lo más. Luego vino la modernez increíble del fax, que nos parecía que eso era vivir en tiempo real. Mandabas el fax y solo tardaba lo que la secretaria de turno tardaba en cogerlo, leer a quién iba dirigido, encontrar a alguien que entendiera ingles para poder identificar el destinatario (como si el nombre no fuese el mismo en un idioma que en otro), recorrer los pasillos y llegar al despacho, donde otra secretaria agrupaba la correspondencia toda y la repartía dos veces al día.

Entonces llegó el e-mail. Solo para gente que sabía informática. De hecho durante mucho tiempo solo hubo una dirección para toda la empresa, gestionada por la secretaria de dirección. Que si la gente tenía acceso a eso, ni se sabe lo que harían: jugar en vez de trabajar. Como la internet, que había que ir a la biblioteca para usarla. Unas colaaaas. Era la época de consultar las publicaciones en microfichas. Progresó imparablmente y en 10 años ya no nos conoce ni nuestra madre. Ahora podemos tener un trabajo en UK y vivir en BCN, y es factible gracias a internet.

Llamábamos por teléfono y podía pasar que no había nadie. Si estabas pendiente de hablar con alguien o de que alguien te llamara - un amor, un posible futuro amor-, podías pasar días enteros llamando sin acertar, o sin atreverte a salir por si llamaba. Tortura emocional total. Levantando un segundo el auricular para verificar que había línea. Colgando ipso facto y perguntándote si ese mismo instante había sido el instante en el que él había decidido llamar. Odiando a muerte a quien osase ocupar tu línea llamando o recibiendo llamadas... El contestador nos salvó un poco - llamadas vacías para escuchar su voz diciendo que no estaba en casa, que dejases tu mensaje... llamadas escuchadas desde la otra parte sin levantar el auricular: no quiero estar para tí. Pero el movil lo ha revolucionado todo. Los sms: te llamo pero no te llamo, mensajito prospectivo y no comprometido. La ubicuidad telefónica: Que te quiero encontrar: pues te llamo. Que no quiero que me encuentes: miro quien llama y no lo cojo.

Total, que hoy escribimos una carta y a los 20 segundos
suena el outlook: ya la han recibido. Tardamos más en leerla que tarda la carta en viajar. Tarda tan poco, que entre carta y carta no has vivido aún. Un contacto estrecho. Casi íntimo. Casi hablarse a la oreja. Todo cambia. Y por fuerza las relaciones lo acusan. Las cosas cambian, están cambiando.

14 comentarios:

denke dijo...

todos mis amores vividos tienen cartas manuscreitas mias. La razón? escribir a mano te daba ese tiempo necesario para pensar, meditar si era necesaria una palabra correcta,y te permitia disociar un poco.
Ahora con el mail, por esa misma instantaneidad, puedes llegar a ver los ojos del otro en el blanco de la pantalla. Todo tiene un lado bueno y uno malo, no?

Hanna B dijo...

pozi, la inmediatez del e-mail, en general es emocionante, pero a veces puede agobiar. la presión de responder inmediatamente, cuando quizás no apetece o no estás inspirada, o lo que sea. y la presión de saber que la otra parte está esperando respuesta....
de hecho, me cuesta entender la impresionante paciencia de la gente de hace siglos, que se iba a la guerra o a las americas y sus familiares podían pasar meses sin recibir carta ni señales de vida!!! que duro!!!!
sin sms ni nada!
guardo cajas con cartas de mis amores/amigas de teruel, con los sobres todos escritos con corazones y mensajes al cartero para que corriera. se echa de menos esa época en la que mirabas el buzón con impaciencia, y la ilusión de recibir una carta... y releerla y girarla, y tocarla, y meterla debajo de la almohada en plan peliculero.. aissssss!

Hans dijo...

Escribí innúmeras cartas, pero jamás tecléé cartas de amor en el ordenador. Me alegro, la verdad. Y sí: soy un fósil, qué pasa! :-D

Xurri dijo...

Las cartas de amor siempre manuscritas, claro. Es lo suyo. O al menos lo era cuando me tocaba escribirlas y leerlas. También me acuerdo de la espera, de la ilusión al mirar el buzón, del chasco al ver que ninguna de las cartas era la que yo esperaba... nunca se me ocurrió piropear al cartero para que se diera prisa, a ver si es por eso que tardaban tanto...luego llegaban 3 juntas, cuando ya dudabas de las verdaderas intenciones del pobre chico y estabas monedas en ristre ya, para buscar cabina y llamarle.

Me pregunto qué harán ahora, qué hará mi hija. Seguro que será distinto, como lo es el medio. Comprar un sello, escribir a mano, les debe resultar completamente ajeno. Y eso de esperar, eso es lo que más extraño les debe resultar. Es tan fácil darse prisa, estar disponible, leerse, conocerse. A mi me da que pensar. Será porque también soy un fósil...

MH dijo...

La inmediatez del refuerzo potencia el poder adictivo: ahí tenemos a los chavales incapaces de abandonar el tecleo de SMSs ni siquiera en clase, y a los adultos sintiéndose miserables si la bandera del correo de entrada no se levanta en toda la mañana.
¿El amor? Eso es otra vaina.

tatxe dijo...

Yo creo que la diferencia entre un e-mail y una carta es más o menos la misma, salvando las distancias, que entre una sopa de sobre y un caldo hecho por tu mami. Los dos tienen el mismo efecto, pero no saben igual.

Hanna B dijo...

de acuerdo con mh, la inmediatez potencia la adicción y quizás al mismo tiempo se carga la paciencia (con su lenta cocción de espera, qué pena..)
muy bueno el ejemplo, tatxe. me temo que la carta se va descatalogando de nuestras costumbres manuales y artesanas, como hacer un buen caldito.
y antes de callar, añado que mi madre me advertía mucho con lo de escribir tantas cartas ("ojo que luego lo escrito queda!!") pero yo no le hice caso. por ahí andaran un montón de papelotes con mis estofados mentales adolescentes... ;) (ni que sea en estado incinerado y en el limbo epistolar...)

Alfredito dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con todo lo comentado por hanna b. ¡Me ha robado las palabras!
Besitos

tenblog dijo...

jo, yo tb iba a decir lo mismo

Xurri dijo...

Lo del refuerzo inmediato es la clave, mh, has dado en el clavo totalmente. Como en que lo del amor es otra vaina. Twice.
Como ha acertado Hanna al señalar que la accesibilidad se carga la paciencia. Y si perdemos la paciencia ya no sabremos diferir la espera: eso es el fin del deseo, en el sentido más amplio. Tenerlo todo y tenerlo ya es el camino del hastío.
Sopicaldo vs sopa.
Pero tengo que reconocer que me gusta esa sensación que dice Denke: casi ver los ojos del otro en el blanco de la pantalla.
No se sies que me gusta todo o que no tengo personalidad.
Más bien será como decía el poeta Foix:
"M'exalta el nou i m'enamora el vell".

Hanna B dijo...

vaya alfredito y tenblog, pues encantada de compartir estofados mentales con vosotros!:)
por otra parte, y como pesada del día, quiero añadir una cosita más.
hace poco escribí una carta a mano y fue una agonía. la letrota horrible, las líneas que se me desviaban, la mano que no obedecía del todo... enfin! el teclado se ha impuesto en mi vida, no hay vuelta atrás!!

pere dijo...

Em nego a escriure sobre aquest tema a través de la pantalla. Doneu-me les adreces i us ho dic manuscrit.

Xurri dijo...

El teclat també denama la seva calma, Hanna, o les ltrles se brraegen.

D'acord Pere, espero carta doncs.

Violette Moulin dijo...

Vaig passar els primers mesos del meu incipient noviatge escribint cartes a diverses "postes restantes" de la India (el noi era molt hippy). Va ser realment emocionant rebre cartes colorides amb segells de Rajhastan, Jaipur o Srinagar. I alhora, quina agonia quan no arribaven...
T'haig de dir que m'ha encantat tot el que escrius a propòsit de les trucades telefòniques : jo m'havia adormit sobre un coixí al damunt del telèfon per despertar-me amb el ring i no haver de patir l'espera.
Ara confesso que m'encanta rebre SMS, emails i... tafanejar els blogs amb comentaris i respostes a cap pregunta.

Seguim en contacte.