lunes, diciembre 12, 2005

Fatalidades

No me gusta oir en voz alta que hace tiempo que no me pongo enferma.
Tampoco que parece que no hay caravana.
Ni que en la cuneta había alguien cambiando una rueda, qué pringao.
O que mi coche no se estropea nunca.
O si este mes hemos ahorrado bastante.
Me da mal agüero decir que un cambio es a mejor.
O celebrar el cumpleaños antes del día que toca.
Hablar de una entrevista antes de ir.
Y abrir un regalo antes de Navidad.
Comentar que coloco algo de valor en un sitio seguro.
O discutir en voz alta si le han robado a un vecino. Que esto aquí no pasa.

En general odio oir desgracias y escuchar lecciones sobre su prevención.

Creo que soy supersticiosa. MUY SUPERSTICIOSA.

La probabilidad y la lógica se me dispersan. Y adoro mi queso.

Tras lo cual confieso que encaro, con pereza, la tercera fatalidad (incómoda pero ni grave, ni dramática) de este año, con la secreta y absurda creencia de que se debe a mi imprudencia al comentar.

4 comentarios:

MH dijo...

Yo sería supersticioso, sino fuera por...bueno, por eso que ya sabes.

Hanna B dijo...

coincido, coincido! claro que yo a lo mío no le llamo superstición, le llamo gafura. lo mío es una gafura inmensa. sólo hace falta que alardee (que lo hago poco) de algo para que se espifie. estoy encantada con la nevera. plof. con el abrigo nuevo. nyec. no sigo, no sigo... :)
las lecciones de prevención las odio, creo que son un síntoma de senilidad. porque ya me dirás: de que coi sirven?¿
animos con esa fatalidad, ya será menos... :)

tatxe dijo...

Yo diría que eso de la superstición son profecías autocumplidas.

Hans dijo...

Ánimo, Doña Xurri. No será nada. :-D. Por cierto, Fatalidad viene del helénico destino. Estaba escrito. Que lo comentases o no es irrelevante: estaba escrito que sucedería antes de que nacieses.