domingo, septiembre 17, 2006

De entierro

Ayer ví que tenía una llamada perdida, sin mensaje, de mi amiga. Del viernes noche. Me dejé el teléfono olvidado y no ví su llamada, yo que siempre estoy pendiente, ya ves. Tardé un día en contestarle: Xurri siempre tarde. El caso es que me llamaba para decirme que su padre, que estaba enfermo hacía tiempo, había muerto el viernes, tras una nueva crisis.

Esta mañana ha sido el funeral.

Las circunstancias en las que nos encontramos en los tanatorios son completamente excepcionales, y muy dolorosas para quien las vive en primera persona. Otros acudimos con nuestros conduelos, pero sin más dolor que el de ver sufrir a quien queremos, ya que en realidad nuestro trato con el fallecido era prácticamente nulo, como era hoy el caso.

El caso es que en un rato de estar allí pasan muchas cosas. Por ejemplo, la llegada de la gente al velatorio, que dice mucho de quién son y de cómo son. Lo comento porque me sorprende, especialmente algunos tipos de personas:
  • Los que llegan decididos, pisando fuerte, estrechando manos con fuerza y poniendo la mano en el hombro de los familiares, como en vasallaje. Hombres poderosos que tuvieron estrecha relación en vida con el muerto y vienen a cerrar los términos de esa relación ordenada y jerárquicamente. Demuestran continuamente conocer el nombre de todos y cada uno de los miembros de la familia.
  • Los que llegan de puntillas, mirando alrededor en busca de alguien conocido. Parientes lejanos, vecinos o amigos de algún familiar, con una relación indirecta o incluso remota con el muerto, que vienen por compromiso y están claramente incómodos, con miedo a sobrar. Dan un pésame formal y envarado, temiendo excederse. Se arriman a quien conocen y procuran no moverse de allí.
  • Los que llegan con los brazos abiertos directamente al cuello de un familiar cercano, con lamentos ruidosos y lágrimas fáciles. Exageran en el drama, hablan muy fuerte, repiten frases como "si precisamente ayer hablé con él y...". Parientes o vecinos o amigos de los parientes que tenían escasa relación con el muerto que gustan de protagonizar y les ponen las cosas muy difíciles a los que están aguantando el tipo.
  • Los que llegan como quien hace una visita a la hora del té. Abusando de frases hechas. "Hola, qué fuerte, nos hemos quedado de piedra, qué guapa estás, como han crecido las niñas. Qué lástima tu padre, hay que ser fuerte. Es ley de vida. No somos nadie". Estos, cotillas, suelen pedir detalles escabrosos: "cómo fue?, qué pasó?, quién estaba con él?, sufrió mucho?, qué horror!!". Revuelven en la herida, buscando el efecto y poniendoselo difícil otra vez al que duele.
  • El pariente religioso, cura o monja. Tienen mejor control emocional que otros parientes, la fé, que en estos casos es un consuelo envidiable. A veces ofician en el responso, y pueden hablar en público en estas circunstancias con un grado de coloquialidad notable, a pesar de que sus vínculos emocionales con el finado fuesen intensos.
Me ha llamado mucho la atención la ceremonia. Era religiosa. Amén de los rituales y liturgias, y de los hombres de la iglesia, tan dignos de comentario (y no necesariamente peyorativo - o no solo) que no los comentaré, me ha llamado poderosísimamente la atención lo palpable de las emociones colectivas. Ha habido un momento muy emotivo, bello, en las palabras del hijo mayor. Y la pena era casi palpable, respirable, asfixiante. Podía casi hasta verse, como un humo ténue flotando sobre el pecho de cada uno de los presentes. En mi papel de Zelig hoy lo he pasado mal, la verdad. Esta empatía a veces es fatal.

Leyendo mi ronda de blogs, antes de publicar esto, he visto que Arare ha perdido a su padre también. Un beso muy grande, Arare, de todo corazón.

7 comentarios:

nimue dijo...

que trist...
un beset.

Hanna B dijo...

qué bien expuesto xurri. a la muerte se le tiene tanto respeto que sólo nos acordamos de lo que es un funeral cuando toca ir.... en esos casos, me obsesiono un par de días pensando que el mío no puede ser así (de sordido o de impersonal o de moralizante...) empezando por la música, que debería tener ya escogida pero que no tengo el valor... y siguiendo con los invitados, qué es eso de que "no se invita personalmente"? yo quisiera tener mi lista y desde luego vetar la presencia a quien yo no quiera que esté ahí para hacer el paripé falsete. un adiós tendría que ser algo más que un trámite...
tema para tertulia café, habrá que ir haciendo una lista.
las descripciones de los asistentes, bordadas. besitos.

bellosoli dijo...

El tanatori és com un suplici... be, la mort en si és molt desagradable, i tot el que l'envolta, per molt que es pretengui evitar-ho, va en consonància. Sempre sap greu que algú es mori, per molt que no se n'hagi sabut de la seva existència fins al dia després del seu enterrament.

Pep ... però posa-li Angu, també dijo...

Nena, t'acompanyo en el sentiment i també a la teva amiga. La desaparició d'algú mai és fàcil.

Ho sento, però no em veig descrit a cap dels grups ...

Un petó

Xurri dijo...

Sips, Nimue, la pena es contagiosa.

Hanna, me aterra que un cura me despida, la verdad. Aunque algunos hacen un papel muy humano y hablan bien, me horroriza que me despidan con una ceremonia religiosa en la que - de estar viva - no participaría. La música, difícil: tendría que ser bonita, de despedida, pero no lacrimógena... umm. Y si, reservado el derecho de admisión. Ya veo que desde el otro barrio aún querría estar ahí controlando!!!

Si Bellosoli, si, siempre da pena. Será porque desconocemos la sensación de dejar de existir, y la anticipamos como terrible? Ojalá nos pille hartos de este mundo.

Pep, no pretendía describir a todos los posibles, solo algunos que me llamaron la atención poruqe tenían comportamientos muy llamativos o característicos. Había mucha otra gente, of course.

Arare_ dijo...

Gracias Xurri.Un petonet.

Marga F. Rosende dijo...

Que observadora eres, la descripción de las diferentes actitudes en los funerales es impresionante: Uy ser Zelig es emocionalmente agotador.
Un beso