sábado, febrero 25, 2006

Xurri pádentro

Llevo tantos días de queja sostenida, de irritabilidad, hormonas invierno, reclamación y atropello, que he decidido hacer el bicho bola y rodar un poquito pradera abajo en plan Laura Ingells (Por cierto, era Laura, la que rodaba? o era la pequeña Mary?).

Bueno, total, que introspecta y replegada he perpetrado unos pequeños mini-pseudo-haikus, que ni respetan la métrica, ni la tonicidad silábica, ni el espíritu paisajístico que se les supone, pero sirvan en este caso para contrapuntar un poco mi atakada existencia.

Son malos (aviso). Ya lo digo yo. Ergo, nadie sienta tentaciones de decírmelo, o de decir "no, no Xurri, si están muy bien", vayamos a perder el estado de gracia y relajación, con tantos trabajos conseguido, o incluso las formas. Ale, allá van:

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Aún de noche
te dejo durmiendo.
La calle fría.
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Nubes, formando un mar.
Inverosímilmente
el suelo, lejos.
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Agua evaporada
flota, suspensa,
tiempo estancado.
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Acción y espera.
Frenesí y pereza.
Vida intermitente.
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Siguiendo un hilo apenas
me adentraré a buscarte
en la noche.
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domingo, febrero 19, 2006

Post quejica

Hoy voy proceder a quejarme:


Yastá. Tras lo cual educadamente pido disculpas por el espectáculo a todos aquellos a quienes la queja no atañe en absoluto, en el entendimiento de serán ustedes unanimidad puesto que es una queja abstracta, típica de domingo, así como a cualquiera que pudiera -erróneamente, por proximidad familiar o personal - sentirse aludido o molesto, ya que, tal y como repito, se trata de una simple pataleta catártica.

Sin más me despido saludándoles cordialmente,

Xurri

jueves, febrero 16, 2006

Contradecir cansa

No siempre creo llevar la razón; de hecho creo que dudo más que afirmo. Pero a veces la llevo, qué se le va a hacer. Cuando la llevo, la llevo. Tengo la certeza absoluta basada en la experiencia sobre algún particular y me armo de razón, y si en ese momento es importante que las cosas se hagan bien, entonces:

Aaaachtuung!!!

Xurri argumenta con intención genuina de convencer. Argumento tras argumento. Una vez y otra. Recogiendo los malignos y tóxicos efluvios emocionales que genera la contrariedad del contrario. Repuntando. Argumento tras argumento. Y venga, que a veces el prójimo es de un tozudo que parece mentira.

Lógicamente, bien porque lo que digo es estrictamente cierto-sólido-irrefutable-convincente, o bien porque mi habilidad dialéctica (parecida a la de los políticos y los abogados- nada de lo que enorgullecerse!) es infrecuente en mi entorno, o porque fuerzo la situación destapando mi cajita de los truenos temperamentales argumentando con pasión, o porque a terca a mi no me gana ni la mula Francis, el caso es que finalmente suelen darme la razón. Vaya, que es difícil que pierda un tête-à-tête.

Dependiendo de lo que entiendas por ganar, claro, que por una parte se te queda el mal cuerpo de la peleilla, y los remordimientos del abuso emocional si lo has ejercido, y luego el temor a la gente - que es bastante vengativilla y suele volver por detrás con rencores acumulados y grandes dosis de mala baba. Por no hablar de los pensamientos automachacantes de escalera, los de cuando bajas la escalera al marcharte y que ya no sirven de nada, tipo duda existencial:

  • Realmente llevaba yo la razón??
  • Me he equivocado???
  • Me he pasado en las formas??
  • Me odian y nunca más me querrán??
  • El destino me pasará cuentas??
  • He manchado mi karma??
  • Me reencarnaré en gusano, que es a lo que tiendo??
  • Me llegará mi San Martín??
  • Y porqué carallo me siento mal si yo llevaba la razón??
  • Es que siempre hay que dejar al emperador desnudo pá no cabrear a nadie??
Que en el fondo, la duda razonada y sistemática está en la esencia de todo científico, y si es empático, pues no te cuento. Aunque el punto de que te quieran o no, pues como una va teniendo una edad, casi que me va dando igual. Lo básico es que no me den la vara.

Ais.

Tot plegat esgotador. Ta los hue...sos vengo hoy.

domingo, febrero 12, 2006

Se me cruza la hormona

A veces se me cruza la hormona. (aquí a la izquierda de la pantalla una molécula de estradiol. ¡Que se sepa que cara tiene!)

Entonces la ropa encoje, sin pre-aviso, y sus colores viran hacia tonos poco favorecedores y que en ningún caso cuadran entre si. A los jerseis les salen bolas que ayer no estaban. A las medias, carreras. Los pendientes están desparejados y el collar que buscas ha desaparecido.

El espejo la toma contigo, y delata como con aumento cada uno de tus defectos de forma y/o color. Las ojeras verdean. Pestañeas y el rímel te marca la cara. Vuelve a empezar. El pelo se lacia y se empeña en tomar direcciones depresivas - mientras tu (fea) cara parece crecer. Las canas flotan hacia la superficie del peinado. El conjunto se eletriza con el secador. Acabas haciéndote una coleta - nada favorecedora. Que te tira del pelo. Te manchas la blusa con el perfume. Cámbiate otra vez.

A los diez minutos de llevarlos, los zapatos (nuevos) ya no parecen tan cómodos y francamente te hacen daño. Sigues creciendo dentro de tu ropa a base de bultos aquí y allí, delimitados por costuras a prueba. La blusa te tira de sisa y de espalda (malditos tejidos sintéticos). Te miras en el ascensor y descubres que verdeas. Vas HORRIBLE. Mientras conduces de casa al trabajo la ropa se reduce otra talla (debemos ir por la 34?).

Una vez en el trabajo, nadie te entiende a la primera. Ni a la tercera. Actúan de forma ineficiente, por el camino más largo, haciendo chapuzas. Las esconden. Esperan que no las veas. Las ves. Te autocontrolas para ser asertiva - con éxito limitado. El prójimo se contradice a la velocidad de la luz - pero rectifica a la velocidad de la ronda de dalt a las 6 de la tarde -(un miércoles). Te cierras a escribir informes y tecleas con un promedio de 20 errores por segundo. Las tablas no cuadran. No encuentras las referencias.

El teléfono no para. La gente quiere HABLAR. Tú no. Te malinterpretan. Hay que controlarse, a lo peor clarificar, dulcificar la voz. VO-CA-LI-ZAR. Mientras hablas por una línea, llama tu madre por la otra:
(exquiusmi, guansecon)
- ¿Si, mamá?¿Qué pasa?
- Hiiiija, pero que ¿dónde estás?
- Pues ¿dónde voy a estar? mamá, has llamado a mi trabajo... (poddió!).
- Ay, desde luego, como te pones, solo quería saber cómo estás...
- Perdona pero estoy al otro teléfono. Luego te llamo.
-Eres imposible.

Dos horas después de lo previsto llega la hora de irse. Es el momento que el coche elige para desplegar sus pilotos varios de aviso: el ABS igual no va; falta gasolina. Servicio de mantenimiento: fuera de plazo. Ojo con el aceite. Abróchate el cinturón. VAAALEEE!!. Sin duda se le olvida uno. Los zapatos - que ya te han perforado varios dedos y te están, literalmente, matando -van fatal para conducir. De eso no te avisan los pilotos luminosos. Te metes en la caravana. A tu alrededor todo está lleno de gente irritante organizada en un franco complot anti-Xurri. LENTOS. PESADOS.

Camino a casa y para culminar el adorable día empieza la migraña con sus mareos, nauseas y ese latir en la cabeza... aaarrrggg. Te apiadas de tu familia y escribes un sms -escondiéndote de los urbanos - en el que proporcionas la información y antecedentes básicos para que puedan comprender que están a riesgo y que harían mejor de no ponerse en tu camino hacia la aspirina y la cama. Lo intentan y -casi - lo consiguen. Buff. Joé con la hormona.

Que todo esto te afecte no tiene nada que ver con ser estupendísima o elegantísima o flojis o cutre, o competente o competitiva, o modelna, joven, pofesioná, lanzá y maravillllooossa. Ni con la alegría de ser mujé. Esto es lisa y llanamente una putada.

Y con el siguiente corolario concluyo: Los anuncios de chicas sonrientes que hacen el pino-puente son insultantes.

jueves, febrero 09, 2006

Con un canto en los dientes

Adoro a mi dentista.
Tras varios intentos fallidos por fin le encontré.
Es un tipo amable.
Me tortura siempre con una sonrisa.
Me hace mil perrerias, con esa insufrible banda sonora de alta frecuencia, acompañada del sordo rumor del aspirador...
Mientras, yazco en la más completa y patética indefensión, extrañamente sumisa.
Muda.

Me pincha, me hiere, me ahoga y me agota.

Me trata como a una niña, con mentirosas frases simples:

- No te va a doler
- Es un momento
- Ya está
- Ya estamos acabando


Me da órdenes concretas y no contradictorias:

- Abre más.
- Ahora sobre todo no te muevas.
- Echa la cabeza un poco hacia atrás.
- Quieta.


Cada vez que vuelvo se sorprende, porque sabe que le tengo auténtica fobia. (¿Cómo decirle que la primera sorprendida soy yo?) .
Pero es que de una vez a otra se acuerda de mí.
Y cada vez que me hace daño me acaricia la mejilla y me pide perdón. (Y una ante todo es muy, pero que muy agradecida).
Además siempre se despide de mi con dos besos. (Es una de las tres o cuatro personas del mundo con las que tengo tales confianzas, familia incluida. Es un extrovertido, y me suele pillar debilucha, con la guardia baja).
Finalmente, siempre me da recuerdos para mi madre.

Se gana lo que le pago. Iría hasta gratis.

sábado, febrero 04, 2006

Perspectiva

Mi percepción de las cosas depende de cómo las miro.
Las escalas y valores con que las mido, lo que espero de ellas, lo que me dan, con lo que las comparo...

Todas, incluso aquellas más idealizadas, se relativizan una vez puestas en perspectiva.

Que se trata aproximadamente -el poner en perspectiva- de analizar el punto hacia el que las cosas tienden, sus relaciones de tamaño con lo que las rodea, y (concretando) el espacio que ocupan en nuestro campo visual. Creo(*).

Lo cual, dedicándole al concepto el tiempo y pensamiento que merece, es de lo más informativo.

El punto es: solo por que sea grande, o escasa, o difícil, ¿debemos desear una cosa?. Aplicando la teoría de la pintura, algo más visible está más cerca, tiene colores más brillantes y está más definido que lo que usamos como referencia. Ergo desearlo más: parece que sí, acapara nuestra atención.

Pero ¿qué hay de lo que ya tenemos? Supongo que estamos acostumbrados a que sea sólo el marco de fondo, lo que marca el tamaño de lo demás. Por lo tanto ni lo vemos ni lo medimos: está, al servicio de resaltar lo nuevo, lo codiciado, lo ambicionado. Lo nuevo destaca, lo ajeno desata la codicia, lo difícil la ambición.

Pero ¿Y si en una inversión de valores midiéramos lo que llena nuestra vida frente a lo que queda fuera de ella, en vez de al revés?

Entonces, oh brother... qué felices seríamos.

Disculpen la filosofada.
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(*)Leonardo da Vinci, Tratado de la Pintura:
«La ciencia de la pintura comprende todos los colores de la superficie y las figuras de los cuerpos que con ellos se revisten, y su proximidad y lejanía, según proporción entre las diversas disminuciones y las diversas distancias. Esta ciencia es madre de la perspectiva, esto es, de la ciencia de las líneas de la visión, ciencia que se divide en tres partes; de éstas, la primera solamente comprende la construcción lineal de los cuerpos (perspectiva lineal); la segunda, la difuminación de los colores en relación a las diversas distancias (perspectiva de color); y la tercera, la pérdida de determinación de los cuerpos en relación a las diversas distancias (perspectiva menguante) (...).»