domingo, julio 08, 2007

Tartaletas de San Fermín

Para 13 personas:
Se facilita una la existencia saltándose el punto 1 (hacer una masa de pasta fina con harina, aceite, sal y una puntita de agua), y se va al súper más próximo y se compra una bolsita de obleas de las de hacer empanadillas. Van 16, pero yo ya sé que siempre hay 3 que quieren repetir.

Se facilita una nuevamente la existencia y en vez de emplear un molde de tartaleta, de los que luego no hay forma de desmoldar sin romper, coge unos moldes de aluminio para flan de los de usar y tirar y los pone del revés, forrándolos con las obleas por fuera y no por dentro, y plegando las esquinas with the fingers. Y al horno a pasar calor, que para algo es San Fermín. 10 minutos (mejor sin grill, 200 grados) bastan, no hay que ser cruel.

Tras lo que mar denomina "un cop de forn" (un golpe de horno: eso tiene que doler!), las obleas salen acalorás y doraditas y en formato tartaleta. Salen de sus moldes solas, muy fácil. Y aquí acaba la parte efectista del plato. Lo demás es sencillote.

El resto de ingredientes consisten también en facilitarse una la existencia y en vez de ir al mercado, comprar pimientos, asarlos con calma y cariño, dejar que se enfríen, pelarlos y trincharlos, pues se planifica visita al súper y se compra un bote de pimientos ya asados y pelados y trinchados. Lo mismo aplica a alargar la mano y pillar un bote de anchoas (esta vez eran cántabras, pero las de l'Escala suelen ser infinitamente mejores). Y lo mismo para un rulo de queso - camembert o de cabra, da igual, eso al gusto, y un bote de aceitunas negras. Aquí hay que precisar que TIENEN que ser de Aragón. Al menos en mi casa.

Las tartaletas se meten ordenadamente en la fiambrera, ésta en un maletero Volvo nuevo, excesivo para ella, y tras dar al contacto a las 12 en punto se recoge a la compañía de viaje hacia Premià.

Al llegar se saluda cariñosamente, y acto seguido y en un un plato, se trinchan las anchoas con cuchillo y tenedor (a alguna gente le da reparo que lo hagas a mordiscos ), se mezclan con el pimiento (que si aún está grande mejor se trincha más chico, que si no, al morder, se lleva una el hilo de pimiento colgao, y eso tiene poco charme). Y también se mezclan ahí las aceitunas. El rulo de queso a la nevera que sino no hay quien lo corte. Y es el momento de irse a tomar una cerveza, o sangría de cava, o coca-cola, lo que se prefiera, con la gente que vaya llegando.

Que llegan por la puerta, por la escalera exterior o de puntillas y te saludan por la espalda. La casa es grande. Y besos y tal. Excusas por el compromiso no cumplido y motivos... I'm sorry.
Al cabo de un rato una se vuelve discretamente a la cocina huyendo del sol. Se corta el queso en 13 + 2 rodajas - no da para más- y se pone una de base en cada tartaleta (- 1), para que la base no se moje y se ponga blandúrria. En la mezcla se ha separado un poco del agüilla del pimiento. Por eso, con un tenedor para no llevarse más que la chicha, se rellenan las tartaletas con pimientos y anchoas procurando aplicar el principio de justicia y de equidad en el reparto de aceitunas. Se reparten simétricamente en una bandeja, y si bailan en el plato, se les pone en medio canónigos o rúcula, lo que haya a mano, para amortiguar.
A partir de ahí, con la satisfacción del deber cumplido, se puede una dedicar a socializarse, hasta dónde le permite su natural esquivo. Incluso puede comerse la tierra, venus y un cacho de sol (eso es regalar chocolate, y no lo que hacemos torpemente otros, ejem), bajo el brillo dorado de un moscatel singular, contribuir con afirmaciones absurdas a un manifiesto descontextualizado, intentar la inhalación bronquial de cerezas, para comprobar experimentalmente que no son asimilables por vía traqueal, y posteriormente discrepar de lo que no comparte, a pesar de la profunda simpatía.

Con la caída de la tarde la mesa se disgrega en dos fases. Una primera remesa nos abandona con precipitación. A la segunda remesa nos da tiempo de repescar una tertulia que ha tenido poco foro, tras lo que nos levantamos y nos sumimos en silencio - con el leve rumor de un chunda chunda que rebota en unos tímpanos adolescentes - en una caravana back to the city.

El chancleteo posterior me lleva hasta un bosque, a ver a dos guapos de cine que también hablan de un trece, en Julio, San Fermín.

12 comentarios:

Hans dijo...

Muy bien me parece lo de las aceitunas, en efecto, y mucho se agradece la descripción del grato sábado que disfrutaste y la notable receta 'simplify-your-life' que apunta maneras.
Besos.

bitxo dijo...

Las tartaletas estaban de la muerrrte! Gracias per la "recipe", xurri. Un beso, guapa :)

pere dijo...

Delicioses, xurri. Et volia demanar detalls, per� em sembla que ja me'n sortir� perfectament (i sense dubte: d'arag� encara que amb les anxoves no ens acabar�em de posar d'acord)

Albert dijo...

I jo que me les he perdut! Catxis!

el paseante dijo...

Quin mal que han fet els programes de cuina de la tele! Us agraden els experiments tipus laboratori, però si surten bé, doncs endavant :-)

Tota la gent dels blogs vivim a tocar del cinema Bosque?

tatxe dijo...

Xurri, tu manejas de esto... porque hay detalles estilo: "para que la base no se moje y se ponga blandúrria" es que te has comido más de un marrón en la cocina.

En todo caso, los bolavua (o como se diga en francés) son un recurso de lo más útil para dar de jamar, y si encima la haces tu, te ahorras una pasta.

Xurri dijo...

Simplifying or dying, my sweet hans. Cuando quieras las probáis in situ.

Merci, bitxo, un petó!

Vaig captar la sol.licitud d’informació, desigs = ordres. Però vaja, pere, que jo et feia més d’anxoves de l’escala… quin desastre, no et capto.
Però pensant-ho bé, tens tota la raó: per a aquest plat, les anxoves del cantàbric (més grans, més suaus, més toves) són més adeqüades. Afortunada casualitat.

Ai Albert, espero que tot estigui en ordre hores d’ara.. temps hi haurà de tastar-les.

Paseante, no remuguis, ben divertit que és inventar-se coses. No tot ha de ser la recepta de tota la vida! I sembla que sí que un bon grapat som at a walking distance from the forest.

Tatxe, pos como tú. Ensayo –error, con la ventaja que el error te lo zampas y no deja huellas. Los vol-au-vent esos son más inflaos, y también los hago caseros, pero de otra manera. Ya contaré con fotos, si me pongo a ello.

martí dijo...

Excel.lents tartaletes, magnífica discrepància i, efectivament, un intent de manifest descontextualitzat que va acabar amb el sistema solar fet a miques.

I un copet a l'espatlla pel voluntariós pringao> que es va deixar la suor a les graelles, pst!

Que molt bé, vaja :-)

violette dijo...

En quan pugui les faig! Podriem fer un picnic al "bosc" amb les nostres receptes...

tatxe dijo...

Los vol-au-vent no me acaban de convencer demasiado. Son delicados y nunca me acaban de convencer, pero supongo que para gustos, las anchoas en la pizza :-D

Y si, ensayo y error... ahora mismo estoy haciendo un flan de champiñones para acompañar una ensalada de judias tiernas con foie gras y tomates cherry.

Xurri dijo...

Ai si, martí, aquests sants varons a les graelles!! Ja ho saben , que al cel van directes i sense psicotècnic. Al menys al Ferran ja li vaig comunicar.
Bytheway, confesso que jo encara tinc un cert rau-rau de la discrepància…malgrat no ho sembli, juro que m’agrada ben poc discrepar.

Violette: podem dur tartaletes en un cistellet de vímet, cobert amb un drap a quadres blancs i vermells, saltironejant pel bosc… i d’aquí al frenopàtic : ))

Tatxe, como todo, a los volovéns en cuanto los ves crecer doraditos en el horno, tras montarlos con tus propias manitas, les coges un cariño… Y no tienen porqué tener formas convencionales, no, ni la base, ni la tapa. Mientras sirvan de recipiente dan mucho juego. Ya se nota que me gusta la plastilina, verdad?

violette dijo...

jajaja... que bo!!!