viernes, septiembre 28, 2007

Miradas

Esta mañana los ojitos verdes de mi nini se esforzaban por librarse del sueño y abrirse. Me han mirado perezosos pero alegres, aunque a medio gas, preguntándose "qué me pongo?". Los ojos de mi santo seguían cerrados mientras mascullaba "bon dia" cuando le hemos soplado un beso antes de irnos. Duerme poco y está algo pachuchillo estos días.

Los ojos de los conductores a lado y lado de mi coche se aborregaban hastiados y somnolientos, en la caravana de la ronda. El cielo rosado distraía mi mirada. Poco después, los ojos de mi compa se concentraban en el papel que compartíamos en el poco rato que hemos tenido para repasar antes de mi reunión. Sólo media hora, y hay muchas cosas pendientes. La semana que viene se quedará solita, ella y su pánico escénico, que yo me voy de congreso.

Los ojos de los guiris que nos visitaban saltaban de uno a otro intentando recordar quién era quién de nosotros 8. Esa falsa modestia, manía nuestra tan íbera de no presentarnos más que con el nombre, y brevemente. Que hay que contar quién eres y qué eres, con todo lujo de detalles, como hacen ellos, que si no luego no se aclaran. Los guiris en cuestión nos escrutaban y nos tomaban las medidas al hablar. Nosotros les mirábamos fijamente, también con el pie de rey en ristre. Quieren pasta. Nos va mucho en decidir si les creemos, les va mucho en convencernos.

Pasaban las horas y los ojos de mi jefe buscaban afirmaciones, negaciones y se reían por lo bajini con disimulo de vez en cuando: conformidad, concurrencia y observaciones compartidas de gestos y rasgos peculiares. Debía haber escepticismo en mi mirada cuando mi contraparte guiri no me ha convencido, que no lo ha hecho. Al contarlo, y el porqué, su mirada me ha taladrado con rabia indisimulada. Ojos listos y temperamentales, contrariados y contenidos: daban miedo. Pero se ha callado, artero: yo no era importante, salvo que convenza al que paga.

Ya fuera, unas horas más tarde, por fin he encontrado abiertas las miradas escaqueadas por la mañana. Cansadas. Familiares. Las hemos deslizado sobre unos cuadros que las esperaban hace más de una semana. Se han soprendido, ante la rotundidad de la autoafirmación de un árbol naranja. "Yo, arbol". Magnífico. Luego han paseado despistadas cambiando de barrio, fijando algunas imágenes digitales, picoteando objetos de consumo.

De vuelta a casa, en el autobus, la mirada de la mujer que lloraba me cruzaba sin verme, de delante a atrás, como ondas de radio. Se mesaba el pelo amarillo cogido con una pinza amarilla, sobre sus ojos rasgados de india, llorando despacito. El niño moreno a su lado le palmeaba la espalda distraido, a ratos con la mirada perdida por la ventana. Seis o siete conversaciones se mezclaban en el aire a la vez. Nosotros íbamos juntos, callados. Él cansado, mirando al suelo. Y yo no podía apartar mi mirada de ella: de pronto no había nada más, nadie más.

Nueve calles después el autobús se ha llevado sus llantos y penas hacia el norte, rodeados de charlas vacias.

Ya en casa, mi mirada va de un cuadro a medias al otro, y al otro y al otro. Cuatro. Tan lejos todos de la rotundidad del arbol naranja!.
Edito fotos, las publico, os leo, os contesto.
Y escribo sobre miradas.

10 comentarios:

gemma dijo...

Y mientras nos leemos, de una manera u otra, también nos miramos...

pere dijo...

m'agraden les mirades suaus que miren i no executen... i es perden i retornen.

Xurri dijo...

Definitivament, Gemma.

eps! pere!

el pensador dijo...

Me miran curiosas miradas, mientras miro post-its sacados de la papelera

pd- avui, el comentari m’ha sortit en castellà.

pere dijo...

Gràcies, xurri! En tens una altra -o més- de pagada (el divendres?)

Athena dijo...

Tampoco está de más de vez en cuando echar una mirada a losojos que nos muestra el espejo. Aunque tengamos algo de miedo de encontrar alguna verdad. Saludos¡¡

tatxe dijo...

Esa madalena.

Arare dijo...

M'ha agradat, l'arbre.
:)

manuel_h dijo...

impecable este catálogo de ojos/miradas!!

el paseante dijo...

A mi també m'ha agradat l'arbre taronja. I això de "mi santo" ho diu sempre l'Elvira Lindo del "seu" Antonio.