sábado, diciembre 22, 2007

El síndrome de Pérez

Cuando yo era pequeña los niños nos escarniabamos y nos zurrábamos unos a otros.
El ejercicio de nuestra condicón de cachorros de raza cruel era normal, y algo que debía prepararnos para ser adultos.
En los colegios no existía esa edulcoradísima preocupación por la integridad emocional de hoy; lo importante era la tabla del 8 y la ortografía, y eso de los afectos o educaciones emocionales no era motivo de discusión.
A no ser que se cruzaran dos barreras: hacer sangre o recibir quejas de los padres del contrario.
Hoy mi hija se escandalizaba porque un chaval de 14, en un cabreo, chuta una pelota con saña a la cara de otro... y dónde está lo raro?? ... ay, si supiera que en mis tiempos íbamos a pedrada limpia!!!

Pero bueno, que yo quería hablar del síndrome de Pérez, y estoy yéndome por las ramas.
Cuando yo era niña, en el colegio me enseñaron que el alarde y la vanidad son malos. Aprendí que ser repelente era motivo de exclusión a la hora del patio, de patadas y de pedradas perdidas. Pero además, no subía más la nota (sobresaliente era el techo), y no llevaba a la gloria y la honra de los sabios, si no más bien a cierto grado de humillación:

(señu)- a ver, niñas, quien lo sepa que levante la mano: 345 por 48?
(xurri) - yo, yo, señu, yo, yo!!!
(señu)- no, xurri, tu no...
(xurri)- pero señu, que me lo sé!...
(señu)- si, si, ya, ya se que lo sabes... alguien más?

En resumen, que demostrar lo que una sabía, por una parte era peligroso socialmente, y por otra absolutamente inutil.
En cuanto lo pillé (entenderlo fue rápido) me puse por la labor, aunque aplicarlo me costó un poco (ay, vanitas vanitatis!) Pero empecé a disimular lo que sabía, a esconder las notas e, incluso, a desear secretamente catear para ser aceptada en el grupo... no llegó a tanto la cosa, pero me pegaban (y les pegaba, eh!!) menos. Bien.
De eso, y enseñanzas similares sobre la indeseabilidad de los empollones y repelentes, los de mi quinta hemos aprendido a mantener un machaque egoil constante.
Yo misma me repito con frecuencia:

"si, xurri, muy bien, chica lista, pero:
1. No hay pa tanto
2. No te van a querer más por saberlo
3. Cuidao que se te va a ver el percal".

Y no sólo yo, que lo tengo hablado con más gente de mi edad y a todos nos pasa igual. Y qué pasa? Pues que en esta cultura del egolatrismo, el primero que llega con el ego enterito nos subestima y se nos sube a la chepa.

Eso pasa especialmente con los jovencitos, que han subido ya en la cultura de la autoestima (y sin pedradas). Pero creo que en el fondo ésto no es más que una influencia (nociva) bárbara, anglosajona o calvinista, como otras tantas, y a los que provenimos de culturas católicas el tema de la falsa modestia con derribo propio nos deja muy indefensos al respecto. Creo que la infraestima es un mal nacional, y hasta le he puesto nombre: el síndrome de Pérez.
Me baso en varias cosas, y ya llevo demasiado escrito para desglosar, pero os contaré una que es sumamente gráfica.

Cuando en el curro tratamos con guiris, al llegar nos distribuyen orgullosos sus tarjetas de visita, gruesas y brillantes. Y su nombre se diluye entre trescientas iniciales que abrevian sus múltiples títulos y cualificaciones, y un pomposo título altisonante. Todos son vicepresidentes de algo global (y quién trabaja??), y la mitad de las siglas son asociaciones profesionales, cuyo único mérito se reduce a pagar la cuota anual, pero eso aquí, los catetos, no lo sabemos. Al empezar la reunión se presentan como quien se hace la biografía entera, y además de decir su nombre, empiezan a subir hacia el techo como grandes burbujas vanidosas declamando todas sus virtudes y todas las cosas que han hecho en su vida, desde el parvulario, vaya, y que se resumen rápidamente en "un tercio de las que hemos hecho aquí". Pero es que suenan de bien con acento de Milwakee!!

En cuanto a los Pérez, lo normal es que, después de 8 meses en la empresa, aún no tengamos tarjetas de visita. O despúés de 5 años se nos hayan acabado. El caso es que a menudo nos hemos sacado una copia en la impresora a correquetepillo en cartoncillo blandengue, recortada a tijera con borde irregular. En ella, por política de la empresa (porqué???), se nos prohíbe expresamente incluir título ninguno, de modo que sale nuestro nombre pelao - cosa que no hacen en el extranjero ni los mozos de almacén, que se ponen que tienen la ESO, con todos mis respetos por los mozos de almacén. Como está feo decir que mandas, solemos poner una cosa vaga, tipo "departamento de contabilidad", aunque seas la puta jefa y lleves un equipo de 50 personas. Cuando nos tocan las presentaciones, ay, será el recuerdo del cole, pero el caso es que nos ponemos como tomates y decimos algo del estilo "Hola, soy Xurri, y estoy en contabilidad, jé". Con lo cual el Global Accountability Innovation and Development Vicepresident que se te sienta delante y que tiene 10 años menos que tú piensa que a la reunión no ha ido quién debía.

Nuestras madres nos decían que el buen paño en el baúl se vende. Pero no, amigos Pérez, hay que reciclarse y sacar pecho. Que se nos ha ido la mano con la (falsa) modestia.
(PD: mis queridos Pérez de verdad - lo del nombre es pura coincidencia)

10 comentarios:

Arare dijo...

No disertaré aquí de competencias desleales en trabajos en los que tú - como buen/a Pérez- te muestras prudente (que equivale a decir modesta) y el de la competencia se atribuye cinco o seis títulos de esos que impresionan a la gente de a pie (con todos mis respetos para la gente de a pie, que todos somos gente de a pie para unas cosas, y un poco menos - quizá gente de patinete- para otras). En fin... y siempre pasa lo que pasa: que el de la competencia no es competente y además cobra la mitad. Pero a la gente de a pie le encanta creer al de la competencia, más que nada porque es más interesante para su bolsillo. Total, que el pobre Pérez se va quedando atrás, aunque eso sí: con su prudencia y su dignidad colgadas del brazo. Pero la pasta es para el otro, lamadrequeloparió.

Dije que no iba a disertar, así que deserto de seguir escribiendo.

¡Cuánta, cuánta razón tienes, amiga Pérez!

Jordi Gil dijo...

Yo no se si soy de los Pérez, o de los Gil :-P. Solo se que yo era el niño callado, y apacible, al que nadie sabía donde ubicar. El que escuchaba a sus compis fardar de sobresalientes, o ver como otros levantaban la mano para decir cuanto eran 3x2. Pero que cuando la profe de turno, creía que yo merecia responder, porque no sabía la respuesta, decía 6 sin dudar. Y creo que sigo igual, nadie me ubica, y pocos me impresionan.

p dijo...

D'acord, xurri, però fer-se una targeta d'aquestes deu valdre una pasta. Ara, si m'assegures que després la recuperaré...

El que no acabo d'entendre, de totes maneres, és la quantitat de lectors de targetes impressionables. I aquests són també els que contracten?

bellosoli dijo...

Doncs els teus nous col·laboradors ha de ser ben jovenets, perquè els de la meva quinta les hòsties les hem conegut, potser ja no per part dels professors (tot i que recordo una professora q vaig tenir a 1er i 2on d'EGB que ens ensenyava a base de "cachetes") però si per part dels altres alumnes. I al meu cole les "bulles" eren ben habituals! Afortunadament per a mi, jo era el segon més alt del curs, i el més alt era encara més empollón que jo, pel que no ens "tocava" ni Déu (be, els més grans si, però això ja és una altra història).

Amb això de les targetes m'he sentit força al·ludit! sobretot per la coincidència amb el cognom. Però com dius que es pura coincidència... A la meva tarjeta, l'empresa si que hi posa el meu càrrec i titulació (suposo que perquè la meva titulació té un pes específic en la meva professió) però el que no hi posa és el meu número de mòbil de l'empresa! per la qual cosa l'he d'escriure a mà... cutre, cutre!

Lucía dijo...

Yo en las empresas donde trabajé antes sí que tenía tarjeta y yo insistí en que apareciera mi título.
La de ahora es más del estilo que cuentas y nadie tiene tarjeta de momento.

manuel_h dijo...

egointeresante síndrome que sin duda tendremos en cuenta

felices fiestas (sin cenas)

besos

el paseante dijo...

Yo también era pelín repelente (o sabelotodo) en el cole. Tuve que llegar al instituro para pillar el truco que cuentas.

Y tienes razón con los extranjeros. Me he cruzado con muchos Product Managers, i cargos por el estilo, que ni pajolera idea de qué hacen en realidad.

Bon Nadal Xurri Pérez.

Prometeo dijo...

Cuanta razón.
Yo no era de los repelentes, pero era de los que sacaba buenas notas en el colegio. De hecho a veces había profesores que me preguntaban sabiendo que lo sabía, y yo me hacía el tonto alguna que otra vez. Una cuestión de adaptación social.
Cuando llegué al instituto me encontré en un entorno nuevo y sin referencias, y allí decidí dejar de sacar buenas notas para poder sociabilizar sin trabas. Hay que ver. Dicho así suena maquiavélico, pero bueno, era cuestión de prioridades y yo las tenía claras.

Lo del síndrome Pérez es una de las cosas que ya conocía antes de venir a Irlanda, pero después de un año aquí la verdad es que no puedo menos que darte la razón. En cualquier caso en todos lados cuecen habas.
Personalmente creo que el problema es que en la península tenemos un síndrome de inferioridad respecto a las sociedades norteñas bastante acusado. Si además le añadimos que no tenemos tradición dialéctica ni de pensamiento crítico, pensamos con la cartera, y creemos que existen los duros a cuatro pesetas... pues pasa lo que pasa.
Un abrazo

Mr.Incógnito dijo...

Es lo bueno de los idiomas, al ser de otro sitio un tipo u individuo parece importante, aunque al final en su Milwauki ( leáse con acento de Arkansas ) sea un señor que coloca números en una tabla y que ve como buena la idea de cambiar los archivos de sitio los martes por la mañana.

Sobre demostraciones públicas de funcionamiento neuronal alguno que otro hemos caido tarde en la cuenta de que "el teatro del colegio" iba más allá que la representación a las prisas de los viernes por la tarde.

Estupendo blog. Dos saludos.

Xurri dijo...

queridos, la buena noticia es que ya sabemos cuál es el motivo de los malos resultados de nuestro país en el informe PISA: no es que seamos malos, ni que lo sea el sistema educativo, es que el 90% disimulamos lo muchísimo que sabemos para parecer enrrollaos.

uf, qué alivio!

besos y saludos a pares (y a hijos, jé!).