sábado, junio 14, 2008

ah, la constancia!!!

No hay nada más lamentable que no saber acabar las cosas a tiempo. Gloriosamente, cuando tocan a su fin, tras una plenitud madura y esplendorosa que difícilmente podrá superarse a si misma. Antes de que nos aboquen al triste espectáculo de la decadencia y la añoranza del pasado, de lo que fue, o de lo que hubiera podido llegar a ser.

Pero es plenamente humano siempre querer más de lo bueno, prolongar innecesariamente. Es difícil aceptar el fracaso, y renunciar a creer que el potencial no está agotado, que no todo se ha intentado aún, que hay espacio para mejorar, repetir, aprender, rectificar, que la rueda debe continuar: la constancia, ese gran defecto!
Y así, sin saber evitarlo, acabamos tres o cuatro pasos tarde, hastiados, desencantados, incómodos y frustrados, observando la tristeza de algo que se alarga cuando ya no tiene vida, inerte y superado, recordándonos la perecedera naturaleza del tiempo y los impulsos.

El miedo al vacío, al fin, a la caducidad vital; la pereza de buscar, emprender o reemprender la búsqueda. Nos adhieren a lo conocido de forma obstinada e irracional, aunque no irreflexiva. Nos armamos de argumentos y razonamientos justificativos para persistir en la comodidad del presente, y lo alargamos hacia el futuro, tratando de modelar lo inmodelable: el paso del tiempo.

Deberíamos ser capaces de reconocer que la ilusión no es más que un motor para conseguir que las cosas ocurran, que no se trata de un estado que pueda mantenerse en un equilibrio estacionario. Pues va contra su propia esencia: la ilusión es la proyección optimista de un futuro que, necesariamente, se verá realizada o desmentida en un plazo concreto, por pura ley de vida, por agotamiento o, incluso, por puro aburrimiento. No es más que una previsión y como tal tiene un plazo de incerteza, tras el cual expira.

Hay que desproveerse del lastre de los afectos depositados durante el camino para ser conscientes de cuándo hay que abandonar, para reemprender. O no.

Críptico, lo se. Tengo varios proyectos a los que me aferro irracionalmente, pero que ya están muertos. Supongo que me da miedo reemprender la búsqueda.

4 comentarios:

bellosoli dijo...

m'ha semblat llegir quelcom similar a casa d'una noia amb els peus mullats.

L'avorriment és dolent. Sap greu saber que som així, que per molt que una cosa ens emocioni i la desitgem, arribarà un dia que ens n'avorrirem.

Almenys espero que sempre sorgeixin nous projectes emocionants que ocupin l'espai deixat pels obsolets, i que l'avorriment no es converteixi en l'ocupació principal.

Xurri dijo...

Un dia li hauré de dir quatre fresques a la tia aquesta dels peus xops!

Yogurín, jo crec que l'avorriment no és tan xungo. És bó perque excita la curiositat i les ganes, i cultiva la capacitat de sorprendre's. El que fóra estrany és que estiguessim perpétuament conformes amb una mateixa cosa; no hi hauria cap canvi, cap millora, cap progrés. Vull pensar que aquestes petites neurosi que patim en avorrir-nos i quan ens planyem d'estar estancats són en realitat una mostra de la nostra contínua capacitat de reinventar-nos.

Ja m'agradaria tenir raó, no obstant, que de vegades em sembla que...ai! (badall)

el paseante dijo...

Espero que no te refieras a este blog cuando hablas de proyectos que ya están muertos. A mí me parece muy vivo.

Jordi Gil dijo...

Són les pors dels canvis, que saps que ja res serà igual. Ni millor ni pitjor, diferent.