miércoles, agosto 06, 2008

23 personas, 5 ángeles y un hombre con encanto

Ayer, por motivos que no vienen al caso (nunca viene al caso, jé), tuve la oportunidad de sentarme seis horas tras una mesa junto a un hombre con encanto.
Viéndole trabajar. Callando y escuchando atenta, toda la mañana observando con los ojos bien abiertos.

Por las dos sillas que teníamos frente a nosotros fueron pasando hasta un total de 28 personas buscando ayuda. Algunas venían por asuntos personales. Otras venían para acompañar a las primeras.

Entre las primeras cazé, al menos, 4 ángeles (2 hembras y 2 varones - sí, tenían signos de diferenciación sexual... (?)). Entre las segundas había, al menos, uno más (hembra). Se hace difícil acertar al 100% sin palpar las paletillas en busca de alas, pero estoy bastante segura de los que identifiqué. Igual entre las otras 23 personas hubiese alguno más camuflado, pero no supe verlo.

Curioso, con lo poquito que (digo que) me gusta la gente, el interés que me despertó ayer. No digo profesional (que también), era sobre todo interés personal. Tenía la permanente sensación de que era gente digna de la más atenta dedicación. La que les daba mi eventual compañero de mesa, que tiene la virtud de generar instantáneamente toneladas de confianza. Probablemente debe ser también un ángel, pero la verdad es que me dió corte y al final no le palpé las paletillas para comprobarlo. Creo que no lo hubiese interpretado adecuadamente.

A los ángeles les reconocí por la mirada, la actitud, los gestos y la manera de hablar. Tienen una calma luminosa, independientemente de si están o no nerviosos o cansados, doloridos o desanimados. Me miran directamente a los ojos y noto una corriente cálida de vida que entra directamente en mi sistema nervioso a través de la pupila.

Me producen un vivo instinto de levantarme y abrazarles, de estamparles dos besos sonoros en toda la cara. Me contengo, porque es altamente improcedente. Y si tengo ataques de empatía eso es mi problema, no el suyo.

En fin, que fue un dia afortunado. Además pude aprender lo que iba a aprender, pero al cabo del día eso casi me daba igual. Estaba feliz.

Volví a mi rutina pensando que, de mayor, yo quiero hacer algo por estas 23 personas y 5 ángeles, que venían a buscar ayuda, y todos los demás que no conocí ayer, y que seguro que existen por ahí.

Quizás que espabile, que se me pasa el arroz.

6 comentarios:

Albert dijo...

Doncs diria que aquestes no-vacances, et proven.... Ànims, que si no vaig descomptat, ja no queda gaire per les sí-vacances...

Jordi Gil dijo...

Como la ciudad esta desierta, han debido de contratar ángeles para hacer de extras.

el paseante dijo...

Ahora me han entrado ganas de palparte las paletillas. Pero sería altamente improcedente. He leído por ahí abajo que cumples años un día de estos. Pídete un pastel gigante, de esos que se levanta la tapa, y que salga un ángel. Felicidades (te las guardas para cuando toque eh?).

Xurri dijo...

Cada cop menys, albert :)

Pues será eso, Jordi?

El impulso de palpar paletillas es muy tentador, pero creo que ibas a encontrar dos omóplatos de lo más convencional, que de angel, yo, poco. Me quedo con esas felicidades hasta el jueves... mira que si me sale un angelote monísimo del pastel, y resulta que va y además de estar, es bueno... :o( !!

martí dijo...

És la ciència dels àngels.... ;-)

xurri dijo...

és una ciència???

;o)