jueves, septiembre 10, 2009

La mochila asuuuul...

Ultimamente veo y oigo a gente valorando si deben o no liarse a hacer cambios radicales en su vida. Será efecto de la crisis. La económica. O de la "mid-life crisis" o crisis de los cuarenta, que ahora nos toca a los baby-boomers - por cierto, que me encanta lo de baby-boom, me suena a "sex-bomb" y hace sentirme super sexi. "Babyboooooom".

Respecto a los cambios, creo que son buenos. Se lo contaba al paseante (que luego contracomentaba sugiriendo que mis sinceros sentimientos eran cháchara pro-capitalista para motivar a los obreros a incentivar su producción en condiciones laborales adversas), y lo creo sinceramente. Dentro de un orden, claro, pero la inquietud y la curiosidad te llevan de la mano a ver un poquito más allá de tu rinconcito habitual. Pero dentro de unos límites, claro. No se me olvida aquella frase de un ex-algo mío, que decía "Cuando uno encuentra algo bueno y se empeña en seguir buscando, acaba por encontrar algo peor". O aquella vez en la que osadamente tomé una decisión de cambio, y consulté el I Ching con la certeza de que me diría "Es propicio cruzar las aguas", cuando en realidad - juraría que algo irritado - me advirtió "Dragón soberbio tendrá que arrepentirse".

Bueno, que me voy por las ramas. Que lo que quería deciros (a la gente que estéis en lo de cambiar) es una cosilla que he ido aprendiendo sin anestesia, en parte gracias a mi naturaleza de mal asiento, en parte a mi tendencia ansiosa a actuar cuando las circunstancias me desagradan, y en parte a mi inconsciente osadía ante el cambio. Aprendizaje que, dicho sea de paso, he adquirido con cierto dolor.

Y es que cuando cambiamos por huir, por salir de una circunstancia adversa, de un estancamiento o de un entorno insatisfactorio, huímos con ansia. Y huímos con la certeza de que nuestra vida cambiará cambiando el entorno.

Falacia.

Cambiará brevemente, en el mejor de los casos. Porque por precipitadamente que nos marchemos e independientemente de todos los bienes a los que renunciemos, no nos vamos con las manos vacías. Llevamos un pesado equipaje, como una gran mochila siempre a nuestra espalda, que se desplaza con nosotros limitando nuestros movimientos, y que dentro lleva lo peor de nosotros mismos. Dobladito, ordenadito, esperando que se repitan las circunstancias propicias para volver a salir.

Somos nuestro propio equipaje, y aunque es humano y práctico culpar de nuestras penas al entorno, y pensar que corriendo en dirección contraria conseguiremos dejarlas atrás, es mayoritamente falso, y - siento decirlo - bastante inutil. Nuestras miserias y defectos los llevamos puestos, cargados a nuestra espalda, donde quiera que vayamos.



Y así, al cabo del tiempo que tarda la novedad en convertirse en sabida y acercarse a lo normal o rutinario, en cuanto nos instalamos en una nueva promesa de paz y tranquilidad, las cargas de nuestro equipaje van saliendo e instalándose en los mismos rincones en los que habitaban antes de la partida.

Por eso creo que es mejor siempre mirar a nuestro alrededor y tratar de arreglar lo que no funciona. Además de ser más coste-efectivo, creo que es más justo, y más cariñoso, en general.

Cambiar, si, pero no el entorno, sino uno mismo y para tratar de mejorar nuestros defectos. Que no es que todos vayan en contradirección, que es que nos hemos equivocao de carril, hombre....
Lo cual no quita que a menudo una servidora salga corriendo. Contradicciones, dicen que propias de la célebre volubilidad femenina....

... así aprendo. O no. :o)

8 comentarios:

fra miquel dijo...

Quanta raó que tens, Xurri. No puc estar més d'acord amb tu.
Millor fer neteja d'un mateix, alleugerar la motxilla i mirar amb altres ulls el teu entorn. (costa eh?)
Si surts corrents en direcció contraria (de vegades t'hi veus obligat)també ho has de fer amb la motxilla lleugera i tractar el nou entorn amb carinyo, per evitar al màxim tornar a caure en el mateix.

Que bo! "La de la mochila azul" és una cançó que em porta records de joventut, quant començava a fer de monitor en un esplai, m'ha agradat tornar-la a sentir.

Rita dijo...

Fa anys vaig sentir a dir una frase que penso que té relació amb el que dius i que mai he oblidat. Més o menys deia que quan fuges per evitar els problemes o les coses que no t'agraden, quan tornes el primer que trobes és allò mateix: els problemes o les coses que no t'agradaven.

M'ha agradat molt aquest post, quanta raó que tens!

Jose dijo...

La de ojitos dormilones....

Básicamente es una huida hacia delante... yo usualmente aguanto hasta que mi equipo se deshace o bien, veo tan cerca el adebacle que es hora de saltar.

Eso sí, siempre tengo claro que en todos lados cuecen habas y es estadisticamente probable que las mismas actitudes y las misma gestión te la acabes encontrando en cualquier otro sitio.

el paseante dijo...

Y qué pasa con los que no tenemos defectos o miserias? :-)

Creo que llevas razón, que debemos comenzar los cambios por nosotros mismos. Pero no estamos solos en el mundo, y hay gente que afecta a nuestra vida y que igual también (ni que sea un poquitín) nos hace entrar en crisis con sus actuaciones.

Violette dijo...

Aquesta reflexió m'ha fet tornar a qüestionar allò que la meva naturalesa impulsiva engegaria molt lluny, Xurri. Sobretot avui ja que demà a primera hora agafaria el primer tren cap a Sibèria que m'han dit que allà no hi ha estrès. I dic demà perquè avui al vespre no en surt cap.

La metàfora de la motxilla és doble per a mi. He sentit la cançó i, oh! colmo del frikisme, descobreixo que encara m'agrada...

Xurri dijo...

Caram, fra miquel, que be que ho expliques. I si que costa, si. La cançoneta és un clàssic, je. Ara amb la grip A i tots a casa passant-la aïllats, igual revifa.

Si Rita, ve a ser això. Costa més desfer-se dels propis defectes que d’un xiclet a la sabata!!

Hombre, Jose, no se trata de esperar a que el barco se hunda para saltar la por la borda y buscarse otro, sino de poner de tu parte lo posible para intentar que no se hunda. Por lo que dices, porque en todas partes se hacen las sopas con la monda de la patata :o)

Oh, paseante, de la perfección huímos los imperfectos, cargados de culpas y complejos. Cierto es que la gente nos influye enormemente, pero, hablando de ojitos dormilones, recuerdo aquel título de disco de Sleepy LaBeef, It Ain't What You Eat, It's the Way How You Chew It (no es lo que comes, sino como lo masticas). Ahí entra la mochila, creo.
...
A siberia no se si hi ha estrés, no crec que siguin immunes, Violette – el que fa es molta rasca i un hivern fosc i trist – jo passo de Siberia. Si cal fugir, millor al tròpic. Sense dubtes. De la cançó: confesso, “encara la se tota de memòria!!! (arg)

hans k dijo...

se me olvidó decirte el otro día que me había gustado este post... no hay sitio dónde huir si te llevas tus problemas contigo. y es que eso de un cambio radical es muy, muy complicado.

Xurri dijo...

imposible hansk, salvo electroshock. Gracias por venir a decir que te gusta esto - :)