martes, diciembre 01, 2009

Let's call him ...Y


Dicen que a las mujeres se nos seduce por el oído. Y que por eso el pico de oro del instituto se nos lleva a todas de calle, soltando la frase justa en el momento apropiado - incluso tras una gran nariz... ay, si lo llega a saber Cyrano...! -.
Creo que es verdad, que se nos embruja con facilidad mediante la magia de las palabras. Al menos reconozco que a mí sí.

Dejadme contaros que en mi imaginación existe un personaje delicioso - let's call him Y - cargado de ingenio, sensibilidad y dulzura, reflexivo pero con un toque de descaro y desparpajo contenidos tras unas gafitas modestas e inofensivas. Un personaje educado y cálido pero vivo y con nervio, lleno de energía radiante, atento y rápido de reflejos, presto tan pronto a la broma fina y ágil como a la dulzura. Un personaje que, como si tal cosa, establece línea directa con mi sentimiento a voluntad, en cuanto habla, o escribe, o mira. Como cuando sintonizando el dial de una radio aciertas con la frecuencia justa, y el crujido de fondo desaparece para dejar sonar tu canción favorita.

Es un ser inquietante, nervioso, huidizo, que se evade parapetado tras un periódico abierto, o entre la gente del metro, o agarrado a cuatro bolsas de la compra, o a la correa de un perro, o bajo un paraguas, o que de una carrera se sube a un autobús o que sale de un parking al volante de un coche que desaparece, o que se desvanece en las sombras de un cine, o que se disuelve en la calle saliendo por la puerta de un bar.

Si se dirige frontalmente a mí me desarma, con una o dos frases nada más, pero el tío no se prodiga - se reparte cortesmente y con ecuanimidad entre su afición, y no me deja más que lacónicas migajas que mantienen mis ilusiones no correspondidas. Le espero con una paciencia inaudita, reservada exclusivamente para él, porque su tardanza y su parquedad forman parte de su encanto.

Podría ser un narrador que hablase con pausa de los lugares en los que habita, ordenando sus sentimientos de un lado a otro del paisaje, con orden y simetría, entrando y saliendo de escena siempre por la misma puerta, con los mismos pasos y frases, que si se alarga, sale y entra un momento a mitad de la narración, para enseñarnos de dónde viene y a dónde va, para ayudarnos a no perder el hilo. Un escritor de los que transmiten paz, y de esos que hacen que sus lugares se conviertan en tus lugares.
Y de repente te encuentras peregrinando a sus escenarios, siempre con el remoto deseo de cruzarte con él. Por eso, al caminar, alzas la vista de vez en cuando para cruzarte con seis o siete miradas vespertinas, fatigadas y desinteresadas, y las escrutas pensando... será él? ...acechas entre las latas de sopa y los expositores de patatas, entre las neveras y por las esquinas de los palés, acechas en el parque al cruzarlo, acechas el paseo al salir del metro, acechas la playa en verano. Y luego rebobinas las imágenes del día y de la semana y del mes, en busca de evidencias que sustenten una presencia fugaz.

En vano.

Porque él no existe, y si existiera, no se mostraría en los lugares donde le imaginas. Demasiado obvio. Demasiado real. Demasiado imaginario. Como debe ser. Como el de las violetas de noviembre.

Let's call him ... whatever.

8 comentarios:

bellosoli dijo...

és que el que descrius té massa coses, i això és inabastable. Potser val més tenir somnis més simples... a la vida no és pot tenir tot!

De fet, acostumo a creure que els més "cabroncetes" són els que tenen un pico de oro.

Però be, és només una simple creenxa.

No obstant, potser si que hi ha un whatever caminant pel món! Si té una germana, i a més és guapeta (que encara sóc prou jove com per retenir un cert punt de superficialitat) m'avises!

el paseante dijo...

El otro día fui a la bibloteca más cercana a mi piso. No suelo acudir allí, porque el Sport hay que leerlo en el bar con un carajillo de Soberano (cargadito) y un mondadientes entre los labios. Todos los periódicos estaban pillados. Sólo quedaba una Vanguardia del día anterior. Con noticias caducadas. En un rincón aparecía el pequeño anuncio de una doctora alemana. Contaba que había pasado sus vacaciones de agosto en Barcelona. Que había conocido a un aborigen en el Gótico. Que le enseñó la ciudad. Quedaron al día siguiente en un restaurante. Ella no pudo acudir por un problema que ahora no recuerdo. Sólo se acordaba del nombre del chico, de su aspecto (lo describía con detalles), de su profesión. Ponía un teléfono (con prefijo alemán) por si él leía el texto publicitario y quería ponerse en contacto con ella. Me has hecho acordarme de esa historia tan extraña con tu post. Me ha gustado mucho.

Menudo rollo te he pegado.

Violette dijo...

Esto... Pues, no caigo, no...

Xurri dijo...

Whatever brothers - ja t'avisaré Bellosoli - però.... no els coneixem ja?

Está bien ese rollo - crees que el chico debió ver el anuncio? esa situación debe ser un tanto desesperante, querer recuperar una aguja humana en un pajar de gente.

No caes? yo tampoco :o)

Hans dijo...

Yo sólo sonrío. Besos/Kisses/Petons

fra miquel dijo...

Miraré de practicar això de les paraules justes en el moment apropiat...
Per lo demés, estic amb en bellosoli, demanes moltes coses!

Sort!
B7s

Xurri dijo...

Sonrisa correspondida, dear Hans. Espero que en breve sea en directo (bon nadal!)

fra miquel, per l'hàbit vos deveu tenir pràctica en la mesura de les paraules, no en tinc cap dubte. I demanar és gratis, a veure si resulta que hem de conformar-nos fins i tot en el desig - doncs faltaria més! (bon nadal!)

fra miquel dijo...

No et pensis, Xurri, els frares no sermonegem massa. Som més de meditar i pregar en silenci. Però de mica en mica vaig aprenent.

Bon Nadal a tu també
Petons