
El roce de unos pies en el parquet del pasillo anuncian su llegada. Le precede el olor a tabaco y humo de fritanga, la onda de frío que trae de la calle. El resplandor de la luz, breve, y el ruido de la puerta del lavabo le dan 5 minutos de tregua.
Se acurruca agarrado al edredón en la amplia cama, tratando de acaparar el calor que huye por los pliegues en todas direcciones, y hunde un poco más su cara en la almohada, como intentando desaparecer. Se maldice un poco por no haber pillado el sueño a tiempo, y respira hondo y pausado, resuelto a aparentar estar dormido.
Al poco otra vez el ruido de los pasos descalzos, los zapatos cayendo sordamente en la alfombra a los pies de la cama y las ropas cayendo sobre la silla. El reflejo de las farolas en la ventana iluminando las sombras oscuras de la habitación.
Nota la corriente de aire a su paso, y el frío que se cuela cuando el embozo se abre y otro cuerpo se desliza con cuidado a su lado. Siente como se acelera su corazón, latidos ruidosos que bombean con fuerza bajo sus costillas, y las mariposas en su estómago volando frenéticas.
- Estás dormido?
Intenta ignorar el susurro en su oído y disimula, procurando mantener el ritmo de la respiración, inmóvil, intentando que el cuerpo tenso no le delate y rogando porque su taquicardia no sea audible. Nota como unos pies, ásperos y helados, se acercan a sus pantorrillas. Y otra vez su voz, el tenue olor a alcohol y tabaco precediendo al sonido:
- De verdad que duermes?
Gruñe hosco y se cierra más sobre si mismo, las piernas y los brazos doblados, agarrando el edredón bajo la barbilla, el corazón ya desbocado y la adrenalina fluyendo a chorro por sus venas.
- Venga tío, no seas así, que sé que estás despierto...
Furioso, alarga la mano hasta el interruptor de la luz, la enciende, y bruscamente se sienta en la cama. Encarado, crispado, le espeta:
- Vale, estoy arruinado. Vale, no tengo a donde ir. Vale, me has hecho un favor acogiéndome. Vale, te hacía falta porque estabas solo y triste y desamparado. Vale, los dos ganamos con esto, estamos encantados de contar el uno con el otro en la vida. Vale, la casa es pequeña y cama sólo hay una. Tenemos que compartir cama: vale. Pero ¿mariconadas? Mariconadas, las justas, so cabrón!! Y ahora, a dormir, pendejo, que mañana algunos trabajamos! y quita esos pies, que pareces el yeti!!
Y dicho esto se vuelve a tumbar, tira con fuerza del edredón hacia su lado y apaga la luz.
- Desde luego, tienes un carácter, tío, que es que no hay quien te aguante.
Y también se da la vuelta y tira del edredón con saña. Nota un nuevo tirón. Tira a su vez y estira bruscamente una pierna, dándole una patada.
- Ay, perdona, no quería darte. La cama es tan estrecha...
- Joputa, vengativo.
- Neurótico, cabrón.
- Que te calles de una vez.
- Me callo cuando me pete, que para algo es mi casa.
- No te preocupes, que de mañana no pasa que me vaya de aquí
- Pues a ver si es verdad!
- Que te calles de una vez, OSTIA! que son las tres y media. Y aparta los putos pies de una vez.
- Bah, qué te cuesta, hombre, que tengo frío...