Es que se crece ante las adversidades.Es una frase hecha, y mucha gente se la aplica, incluso (a veces) con razón.

Y es que crecerse cuando van mal dadas es relativamente fácil. Especialmente en un primer momento. Una reacción inicial de entereza, altruismo y generosidad, está bien, te sientes bien, grande, firme, honesto, íntegro, alguien
comodiosmanda. Si eres listo, además propones inmediatamente soluciones, planes de contingencia, alternativas, negociación, salidas dignas. Y además casi no cuesta esfuerzo (si no tienes el pronto pataletero). Incluso hay gente a la que le sale como un reflejo espinal - golpe en rodilla, patada párriba; golpe moral, respuesta
nice.
Pero las adversidades tienen el mal gusto de no ser fogonazos puntuales, fuegos de artificio espectaculares que brillan tan deprisa como se apagan y desaparecen, sino que son más bien luces fluorescentes de colores fríos que te colorean de oficinista, y que titilan, primero deprisa (fatiga visual) y después con un descarado parpadeo con chisporroteo incluido, sin acabar de decidirse a encenderse o, al menos, fundir el tubo.
Pongamos que aparece un acúmulo súbito de inclemencias explosivas y ciertamente complejas e injustas. Acto seguido, todos los ojos caen sobre tí y te escrutan, prestos a ver una señal de debilidad. Tú aprietas las mandíbulas, los puños, dejas que una lagrimilla baile en tus ojos repentinamente manga, y respiras profundamente. Respiras de nuevo y miras hacia la ventana y un poco hacia arriba: la lagrimilla retrocede, drenada por el lagrimal con la ayuda de la gravedad. Los ojos te siguen escrutando. Autocontrol. Te miran. Callas. Ahora bajas la mirada, te concentras con toda tu energía y... esbozas una sonrisa y dices
"pasanada" "yamapañaré", poniendo ojos de budista comprensivo. Te levantas y continuas aparentando normalidad absoluta.
"Lo importante es que te vaya bien, malegro portí" "Viacer esto, con aquel, de momento mocurre solución provisional". Sacas de un bolsillo la competencia ejecutiva, y eventualmente hasta te la crees.

Pero al cabo de una semana ha pasado una semana (es lo que tiene).
Y la circunstancia - maldita sea- sigue allí, igual o peor.
Tu en tu papel
nice, pero con el plan de contingencia fracasando en sus últimos estertores, viendo la que te cae y cada vez más de los pelos, saltando por un
quítameallá. Entre la irritación, la agresión y el llanto. Todo llega tarde, incompleto o mal. Ves ofensas por los rincones, todo está equivocado, y te vas armando de una razón de la que careces en todo lo que no tenga que ver con el enunciado de la crisis inicial. La respuesta de todos los implicados (incluso tangencialmente) en tu plan de contingencia es subóptima, cuando no nefasta, y te convences de estar rodeada de inútiles.
Pero eso no tiene nada que ver con la crisis inicial, que en esa tu no pierdes tus papeles, no. En esa, tú
nice.
Fair. Ante todo mantener el tipo y demostrar entereza, altruismo y generosidad.
Noblesse oblige, faltaria
plus. Una es grande, firme, honesta, íntegra y, ante todo, alguien
comodiosmanda.
Y un bledo!. Que por dentro te reconcome el tema. Y ya me dirás, cuál es en realidad el motivo para la negación.
"Nonononono, nome molesta, noo" "Qué le vamos a hacer, es fatalidad, no es culpa de nadie" "Ya lo arreglaremos, es tiempo e ir haciendo".
Y digo yo que será el narcisismo, porque para portarse mezquinamente tan buena excusa es una gran circunstancia como treinta pequeñas. De hecho, a igualdad de mezquindad en términos cuantitativos, la primera es más eficiente: da menos trabajo y salpica a menos gente. Lástima que la gente seas tú. Y además tiene más público, claro.
Vanitas vanitatis... siempre igual.
En resumidas cuentas, un desastre. Un desastre mezquino. Y es que lo de la sangre fría no te lo enseñan en un MBA. La frialdad frente a los demás dicen que tiene que aprenderse como los idiomas, de niño y por transmisión familiar, porque en realidad se trata de aprender a que la gente no te importe, y eso es complicao cuando la gente te importa. Que no te gusta, pero te importa: te saca de tus casillas y desata el temperamento, por más que lo intentes domesticar.
Será por eso que manda mayoritariamente (aunque no exclusivamente) la gente bien?
Si, excusas, lo se. Eso, o reconozco que no valgo. Y antes muerta. Aunque en conciencia debo reconocer que no mucho, seamos sinceros; en realidad, casi nada. Una pizca. O media. Bua. (a veces me harto de ser tan quejica - no os canso? si claro...pos no me leáis. en fin.)