miércoles, mayo 13, 2009

Antonio Vega


el soneto, de Antonio Gala, la magia, de Antonio Vega

en fin...

domingo, mayo 10, 2009

Ya llegó



Hay que reconocerlo: es primavera.

Hay pruebas innegables, como la eclosión de rosas que hay en el parque Cervantes, donde por unos días los pétalos superan por paliza a las hojas verdes, y cada brisa levanta aromas que transportan a la época en que las rosas todavía eran rosas, y no esas cosas que pasean por las noches de bar en bar, en haces ahumados y manoseados, o esas otras de cualidad leñosa y compacta que, por las esquinas, rebosan de los cubos en Sant Jordi.

Hay millares de rosas: rosas, blancas, amarillas, naranjas, rojas, malvas. Pequeñas y sutiles o grandes y densas como coliflores, pesadas, consistentes y suaves, fragantes.

Rosas hermosas como las que robaban para nosotras los chicos con los que paseábamos por ese mismo parque hace 25 años, escapados del instituto de al lado, faltando a clase de química, ética o latín. Rosas entregadas durante aquellos paseos clandestinos, expectantes, románticos, emocionantes, soñadores e inofensivos. Rosas efímeras, escondidas de vuelta a clase, deshojadas y aplastadas entre páginas de libro y condenadas al olvido, como aquellos momentos iniciales de ilusión e ingenuidad. Rosas conceptuales, registradas en recodos de la memoria, como aquellos pasos vacilantes en primaveras que llegaron y se fueron.

Otra vez aquí. La evidencia es apabullante.

viernes, mayo 01, 2009

La inutilidad del raciocinio



Ninguno de los placeres que llenan los cánticos y poemas procede en origen de la racionalidad: su origen está en los sentidos, y la racionalidad los transforma, complica, dificulta, tortura y retuerce hasta convertirlos en aceptables intelectualmente.

En manos de artistas, los impulsos primarios esencialmente hedónicos deben provocar sensación de trascendencia y exquisitez, imprescindiblemente mediada por la consciencia del pesar de la pérdida, la ansiedad de la imposibilidad, el desasosiego de la imprecisión platónica, la melancolía de la imperfección, la desazón de la efemeridad, la distancia de la idolatría o la fealdad del contraste. La lucha contra el instinto. La búsqueda del instinto.

¿Es el raciocinio sinónimo de pesimismo? ¿Es la insatisfacción lo que distingue a la raza humana? ¿Echarle incansablemente agua al vino?

¿Es mucho pedir que me lobotomicen de una vez?