Llega el verano y me acerco a la máquina del café, fuente inagotable de perlas comunicativas.Hoy me contaban una que no oí, pero que me ha hecho recordar una batallita de abuela cebolleta. Os la cuento.
Hace ya unos añitos tuve un jefe que se jactaba del miedo que le tenían sus empleados. Era un tipo carismático y mentalmente ágil, pero retorcido y paranoico. Malo. Alguien que malgastaba su desbordante rapidez mental en torturas mezquinas y muy certeras.
Se reía jo jo jo contando cómo hacía llorar a tíos altos como torres, cómo las chicas se encogían instintivamente a su paso y cómo se sobresaltaban en todo el pasillo con los portazos airados de su despacho.Este tipo no prosperó tanto como prometía: llegó a tener mucha gente trabajando para él y medios. Por su equipo pasaron profesionales muy valiosos ; nunca entendió porqué salieron por pies a cualquier otro lugar, sólo por no tenerle cerca. Pero tenía el poder de la fascinación: durante mucho tiempo estaba en todas las conversaciones, era magnético, no podíamos evitar hablar de él. Yo decía a la hora del café: Ya se nos ha vuelto a sentar en el azucarero! y con la mano le espantaba: fuera!, fuera de aquí!!
Al cabo de los años su equipo es pobre, triste, desmotivado, poco productivo. Sus aportaciones pocas y poco relevantes, mal dirigidas, abortadas, inútiles. Lo cierto es que hace tiempo que no se sienta en mi azucarero, y no le recuerdo por su inteligencia brillante, sino porque se rió jo jo jo tanto como quiso, e hizo llorar a tíos altos como torres. Gran hazaña.
La máquina del café me contaba hoy que alguien aparentemente inteligente pontificaba sobre la emotividad de las mujeres, que las incapacita para la dirección: lloran con el estrés y no saben negociar, siempre ceden. Se jactaba de lo fácil que es hacer llorar a una mujer, con sólo proponerselo.Claro, lo malo es que tiene razón (es facilísimo hacer llorar a una mujer, sólo hay que proponerselo), pero creyendo saber no sabe nada. Porque lo difícil en realidad es hacer reir a una mujer, hacer que te quiera una persona, y luego otra, y varias. Conglomerar un equipo, hacerlo producir cosas fantásticas por el puro placer de ver que salen bien
Anda, vé y cuéntaselo al cromañón este.


